Vivir la alegría de la resurrección

La Octava de Pascua nos invita a vivir plenamente el misterio de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Después de una Semana Santa llena de reflexión y contemplación sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, ahora celebramos con gozo y alegría su victoria sobre el pecado y la muerte.

Como católicos, nuestra fe se centra en el acontecimiento más importante de la historia: la resurrección de Jesucristo. Es en este hecho que encontramos nuestra esperanza y nuestra salvación.

San Pablo nos recuerda en 1 Corintios 15,17: ” Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados”. La resurrección de Cristo nos libera del pecado y nos ofrece la promesa de la vida eterna.

En estos días de la Octava de Pascua, no hay mayor alegría que la certeza de que Cristo ha resucitado. Esta alegría debe reflejarse en nuestras vidas y en nuestro testimonio ante el mundo. Como cristianos, estamos llamados a ser testigos de la resurrección, a irradiar la esperanza y la alegría que viene de saber que Cristo ha vencido a la muerte.

Recordemos también las palabras del Salmo 117, 24: “Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él”. Cada día que se nos regala es una oportunidad para alegrarnos en la victoria de Cristo sobre la muerte y para renovar nuestra fe en su poder redentor.

Sigamos el ejemplo de las mujeres que fueron al sepulcro en la mañana de Pascua. Con valentía y alegría anunciaron al mundo la buena noticia de la resurrección. ¡Que nosotros también seamos portadores de esta buena noticia, compartiendo el mensaje de esperanza y salvación que encontramos en Cristo!

En medio de las alegrías y las preocupaciones de la vida cotidiana, no olvidemos el verdadero significado de la Pascua. Que nuestra alegría no sea superficial ni pasajera, sino arraigada en la certeza de la resurrección. Que cada acción y cada palabra nuestra refleje la luz de Cristo que brilla en nuestros corazones.

Ojalá en este tiempo pascual podamos ser testigos vivos de la alegría que brota de la tumba vacía. Preguntémonos, ¿qué sería de nuestra vida si Cristo no hubiera resucitado? Si la tumba no estuviera vacía, solamente encontraríamos desolación y tristeza, nuestra vida tendría fin y no existiría la esperanza.

La I Encíclica del Papa Francisco, Lumen Fidei, n. 17, nos expresa: “la muerte de Cristo manifiesta la total fiabilidad del amor de Dios a la luz de la resurrección. En cuanto resucitado, Cristo es testigo fiable, digno de fe (cf. Ap 1,5; Hb 2,17), apoyo sólido para nuestra fe”.

Como católicos somos llamados para testimoniar una vida que invite a otros a experimentar la misma esperanza y la misma paz que encontramos en Cristo resucitado. La alegría de la resurrección debe ser un impulso para transformar la sociedad.

¡El amor que se ha manifestado en la resurrección nos ayude a ser testigos coherentes del que es verdadero amor y verdadera vida! ¡Felices Pascuas de resurrección!

Fermento 314. Martes 2 de abril, 2024