En el Año Jubilar Franciscano estamos invitados a vivir una experiencia de fe que ilumina nuestro tiempo. La vida de Francisco de Asís, marcada por la pobreza, la humildad y la fraternidad, nos muestra que la santidad no es un ideal lejano, sino un camino concreto de coherencia entre la fe y la vida.
El santo de Asís caminó siempre con misericordia hacia el prójimo, atento a quienes sufren y a quienes necesitaban esperanza. Su ejemplo nos recuerda que la auténtica fe se hace visible en la entrega generosa, en la defensa de la dignidad de cada persona y en la capacidad de santificar lo ordinario mediante la caridad y la justicia.
Con motivo de la apertura del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, el Papa León XIV, en una Carta a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, exhortaba a “que el ejemplo y la herencia espiritual de este santo, fuerte en la fe, firme en la esperanza y ardiente en la caridad activa hacia el prójimo, suscite la importancia de confiar en el Señor, de dedicarse a una existencia fiel al Evangelio, de aceptar e iluminar con la fe y la oración cada circunstancia y acción de la vida”.
Acogiendo estas palabras del Santo Padre, no hay duda de que, hoy más que nunca, la pobreza que eligió Francisco nos muestra un camino de apertura a Dios y al prójimo. Francisco de Asís renunció a las seguridades materiales para descubrir la riqueza de la fraternidad y la libertad interior. Su ejemplo nos invita a despojarnos de lo superfluo y a orientar nuestra vida hacia los demás con generosidad y dedicación sincera.
Su compromiso con la paz surge de la disposición constante a reconciliar, tender puentes y acompañar a quienes se sienten heridos o marginados. En tiempos marcados por divisiones y conflictos, Francisco nos enseña que la verdadera fortaleza reside en la ternura, la paciencia y la capacidad de sostener con amor y justicia.
En el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que convoca este Año Jubilar, se nos llama a profundizar nuestra vida de oración, renovar la práctica sacramental y asumir con mayor intensidad la misión de encarnar el Evangelio.
Francisco reconoció la fraternidad más allá de los límites humanos y honró la dignidad de toda la creación. Su testimonio nos recuerda que la justicia, la paz y el respeto por la creación forman parte inseparable de nuestra vocación cristiana y que proteger la vida es una expresión concreta de fidelidad al Evangelio.
Este Año nos desafía a manifestar la sencillez, la entrega y la fraternidad que Francisco vivió. Que este tiempo jubilar despierte en nosotros la alegría de seguir a Cristo con humildad, cercanía y valentía.
Que durante este año y siempre, nuestras comunidades hagan visible la santidad que Francisco encarnó. En nuestra Diócesis tenemos quince templos dedicados a este santo que nos invita a imitar sus acciones para asemejarnos a Jesús. Aprovechemos las gracias que se nos permiten en este tiempo para obtener la Indulgencia Plenaria peregrinando a estas comunidades, y mostrando que nuestra Iglesia está viva y queriendo ser signo del amor de Dios.
Fermento 423. Martes 5 de mayo, 2026
