Desde el Evangelio y la promesa cumplida en María: ¡No dejemos que se apague la esperanza!

Peregrinación de la Diócesis de Ciudad Quesada a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, Cartago.

Martes 28 de julio de 2026. “Reina asunta a los Cielos”.

Hermanos todos en el Señor y en la Virgen María:

Con gran alegría, nuestra Diócesis de Ciudad Quesada peregrina una vez más hasta este Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Ángeles, en este sexto día de la novena, en el año del centenario de la coronación pontificia de la sagrada imagen y en el 391 aniversario de su hallazgo. Como Iglesia Particular, venimos a la casa de la Madre para celebrar la Eucaristía, dar gracias a Dios por los innumerables beneficios recibidos y poner en sus manos la vida de nuestras familias, nuestras comunidades y también de nuestra patria.

Toda peregrinación tiene un profundo significado espiritual. No se trata únicamente del esfuerzo de recorrer un camino, sino el signo visible de una realidad mucho más grande. Caminamos porque creemos, esperamos y porque sabemos que Dios nos llama continuamente a seguirlo. El creyente nunca permanece detenido, la fe siempre nos pone en marcha.

Hoy contemplamos a la Santísima Virgen María bajo el título de Reina asunta a los Cielos. Al elevar nuestra mirada hacia Ella, descubrimos que Dios nunca defrauda a quienes confían plenamente en Él. La Madre del Señor participa ya de la gloria de su Hijo y nos recuerda que la fidelidad, el amor y la esperanza tienen su cumplimiento en la vida eterna. María nos recuerda que el cielo es la meta para la cual fuimos creados.

La primera lectura del libro del Apocalipsis abre ante nosotros un horizonte profundamente esperanzador. San Juan contempla un cielo nuevo y una tierra nueva. La historia humana no camina hacia el vacío ni hacia el fracaso. Dios nos prepara un destino donde desaparecerán el sufrimiento, el llanto y la muerte, porque Él hace nuevas todas las cosas.

Esta promesa no implica desentendernos de la realidad presente. Al contrario, nos compromete a vivir el hoy con mayor responsabilidad. ¡No tengamos miedo de seguir a Cristo! Si caminamos de la mano de María, nunca perderemos el rumbo, porque la Madre siempre conduce a sus hijos hacia el corazón de su Hijo.

María ocupa un lugar privilegiado dentro de esta promesa. En Ella contemplamos ya realizada la obra que Dios desea culminar en toda la humanidad redimida. Su Asunción nos recuerda que la fidelidad nunca queda estéril y que la humildad termina siempre siendo exaltada por Dios.

El evangelio de San Mateo nos presenta la conocida parábola de las diez vírgenes que esperan la llegada del esposo. Todas habían recibido la invitación; todas llevaban las lámparas; todas esperaban el mismo acontecimiento. Sin embargo, solamente cinco permanecieron preparadas para el momento decisivo.

Jesús dirige esta enseñanza a sus discípulos de todos los tiempos. La vigilancia cristiana no consiste en vivir con temor, sino en estar siempre disponibles para Dios. La lámpara encendida representa la fe viva, alimentada diariamente por la oración, la escucha de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el ejercicio constante de la caridad.

La amistad con Cristo necesita renovarse cada día. El aceite de la lámpara no puede conseguirse en el último instante; se cultiva silenciosamente en la fidelidad de cada día y de cada acción. Ninguna improvisación sustituye una existencia vivida para Dios. Nadie puede creer, amar y responder por nosotros al Señor.

María es modelo perfecto de este seguimiento al Señor. Toda su vida fue una espera confiada. Esperó el cumplimiento de las promesas durante los años ocultos de Nazaret; permaneció firme junto a la cruz cuando parecía que toda esperanza había desaparecido; perseveró con los discípulos aguardando la venida del Espíritu Santo. Ella nunca permitió que se apagara la lámpara de su fe.

Queridos hermanos, esta Palabra ilumina también el momento histórico que vive nuestro país. Costa Rica experimenta desafíos que no podemos ignorar. La violencia y la criminalidad continúan sembrando dolor en muchos hogares; la incertidumbre afecta a numerosas familias; la pobreza, pobreza extrema y la falta de oportunidades afecta a gran parte de la población; nuestros jóvenes buscan razones para esperar en medio de una cultura que con frecuencia ofrece respuestas inmediatas, pero vacías de sentido; no pocas personas viven atrapadas en la soledad, la indiferencia o la desesperanza.

Desde el Evangelio y la promesa cumplida en María: ¡No dejemos que se apague la esperanza! Cuando parece que la oscuridad se hace más intensa, el Señor continúa invitándonos a mantener encendida la lámpara de la fe.

Por eso, quien pierde de vista el cielo, termina perdiendo también el sentido de la tierra. Cuando el ser humano olvida su vocación eterna, termina debilitándose su compromiso con la justicia, la familia, la vida, el bien común y con la dignidad de toda persona. En cambio, quien vive con la mirada puesta en Dios aprende también a transformar el mundo presente desde el amor, la verdad y el servicio. Necesitamos creyentes que mantengan la lámpara encendida para transmitir la fe con naturalidad y alegría. Por ello, no tengamos miedo de vivir el Evangelio con todas sus consecuencias. Caminemos juntos, vivamos unidos, hagamos nuestro mejor esfuerzo para sacar adelante esta bendita nación que nos vio nacer o que nos ha acogido.

Como Diócesis de Ciudad Quesada renovemos nuestro compromiso de seguir caminando juntos como una Iglesia cercana, misionera y servidora de la esperanza. Ponemos bajo la protección de Nuestra Señora de los Ángeles a nuestros sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosas, religiosos y fieles laicos. Le confiamos nuestras parroquias, familias, niños, enfermos, adultos mayores y nuestros jóvenes. Pedimos especialmente que el Señor siga suscitando abundantes vocaciones sacerdotales, consagradas y matrimoniales para bien de toda la Iglesia.

Al concluir nuestra peregrinación, volvamos la mirada hacia María, Reina asunta a los cielos. Al regresar hoy a nuestras comunidades, que nadie vuelva igual que como llegó. Regresemos con la fe fortalecida, con la esperanza renovada y con el firme propósito de mantener siempre encendida la lámpara del Evangelio. Que Nuestra Señora de los Ángeles, Reina asunta a los cielos, acompañe siempre el caminar de Costa Rica y de nuestra Diócesis de Ciudad Quesada.

Así sea, amén. ¡Nuestra Señora de los Ángeles, ruega por nosotros!

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