El confirmado no puede vivir una fe pasiva o encerrada en sí misma

Fiesta de San Matías Apóstol.
Sacramento de la Confirmación,
Jueves 14 de mayo de 2026.
Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, Venecia, 6:00 p.m.

Hermanos todos, especialmente queridos confirmandos:

Hoy la Iglesia vive una gran alegría al acompañarlos en este momento tan importante de su vida cristiana. La Confirmación no es simplemente un requisito más dentro del camino de la fe; es un verdadero encuentro con Dios que fortalece y madura la gracia recibida en el Bautismo. Lo que hoy celebramos marca el comienzo de una etapa nueva, en la que cada uno de ustedes está llamado a vivir con mayor compromiso su relación con Cristo y su pertenencia a la Iglesia.

Y esta celebración adquiere un significado muy especial porque hoy celebramos también la fiesta de San Matías, el apóstol elegido para ocupar el lugar de Judas y completar nuevamente el grupo de los Doce. La Iglesia recuerda así que la misión de Cristo continúa y que Dios sigue llamando personas concretas para anunciar el Evangelio en cada generación. También ustedes, queridos confirmandos, han sido llamados hoy por el Señor para formar parte activa de su Iglesia y para ser testigos valientes de la fe.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta precisamente el momento en que la comunidad cristiana, guiada por Pedro, busca a quién debía ocupar el lugar vacío dejado por Judas. No se trató simplemente de elegir a alguien capaz o preparado humanamente. La comunidad oró, pidió la luz del Espíritu Santo y buscó descubrir la voluntad de Dios. Finalmente fue elegido Matías.

Este pasaje nos enseña algo muy importante para ustedes que hoy reciben la Confirmación: Dios llama personalmente a cada uno y confía una misión concreta. Ninguno está aquí por casualidad. El Señor conoce sus vidas, sus luchas, sus sueños y sus capacidades. Y hoy los fortalece con el don del Espíritu Santo para que puedan vivir como verdaderos discípulos de Cristo. El Espíritu Santo los envía a ser presencia de Cristo en sus familias, en sus estudios, en sus trabajos y entre sus amigos.

El Espíritu Santo que hoy recibirán quiere ayudarlos a convertirse en hombres y mujeres firmes en la fe, capaces de mantenerse fieles aun cuando aparezcan dificultades, críticas o tentaciones. La Confirmación no elimina los problemas de la vida, pero sí fortalece el corazón para enfrentarlos con esperanza y confianza en Dios.

En el Evangelio de San Juan hemos escuchado unas palabras profundamente hermosas de Jesús a sus discípulos: “Permanezcan en mi amor”. Y más adelante añade: “No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los eligió a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto”. Estas palabras encajan perfectamente con la fiesta de San Matías y con lo que hoy celebramos en la Confirmación. San Matías no buscó por sí mismo ser apóstol; fue elegido por el Señor para continuar la misión de Cristo junto a los Doce. Del mismo modo, también ustedes han sido llamados personalmente por Dios.
La fe no nace solamente de una decisión humana; nace primero de la iniciativa amorosa de Dios que nos llama por nuestro nombre.

Jesús además nos invita a permanecer en su amor. En un mundo donde muchas veces las relaciones son frágiles y superficiales, Cristo ofrece un amor fiel, verdadero y permanente. El Espíritu Santo que hoy recibirán quiere ayudarlos precisamente a permanecer unidos al Señor, aun en medio de las dificultades, las dudas o las tentaciones.

Pero Jesús no solo habla de amor; también habla de misión. Dice que nos envía para “dar fruto”. El confirmado no puede vivir una fe pasiva o encerrada en sí misma. Está llamado a producir frutos concretos de bondad, servicio, honestidad, reconciliación y compromiso cristiano.

Queridos confirmandos: hoy Cristo también les dice a ustedes: “Permanezcan en mi amor”. No se alejen del Señor después de recibir este sacramento. Permanezcan unidos a Él y en la Iglesia mediante la oración, la Eucaristía y la vida de la comunidad cristiana. Solo así podrán dar frutos duraderos y vivir plenamente la misión que Dios les confía. El Espíritu Santo será para ustedes fortaleza, luz y guía para vivir ese amor cristiano y para ser verdaderos testigos del Evangelio en medio del mundo.

Dentro de pocos momentos recibirán la imposición de manos y la unción con el santo crisma. Ese gesto tan antiguo y significativo expresa que Dios mismo los consagra y los fortalece con su Espíritu.
En la tradición bíblica eran ungidos aquellos que recibían una misión especial: los reyes, los sacerdotes y los profetas.

También ustedes serán ungidos hoy para participar de la misión de Cristo. Esto significa que están llamados a anunciar el Evangelio, a servir a los demás y a construir un mundo más humano y lleno de Dios. La Iglesia necesita confirmados valientes, comprometidos y alegres, que no tengan miedo de vivir su fe con autenticidad.

El Espíritu Santo les concede además dones concretos para la vida cristiana: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos dones no son ideas abstractas; son ayudas reales para la vida diaria.

Gracias a ellos podrán discernir mejor sus decisiones, enfrentar las dificultades, evitar caminos equivocados y descubrir la presencia de Dios en todas las circunstancias.

Pero junto con el don viene también una responsabilidad. La fe no se recibe para guardarla solamente para uno mismo. El cristiano está llamado a ser testigo. San Matías entendió esto perfectamente cuando aceptó continuar la misión apostólica.
También ustedes están llamados a continuar hoy la misión de Cristo en el mundo.

La Iglesia necesita confirmados comprometidos que participen en la comunidad, en la liturgia, en la catequesis, en los grupos juveniles y en el servicio a los más necesitados. También, por qué no, en la vocación sacerdotal o a la vida consagrada en algunos de ustedes.

Queridos confirmandos: no piensen que después de hoy todo termina. En realidad, hoy comienza una etapa nueva y más madura en su vida cristiana. El gran desafío será perseverar. Permanecer cerca del Señor, alimentarse de la Eucaristía, cultivar la oración y mantenerse unidos a la comunidad cristiana.

Hoy también quiero dirigir una palabra a los padres, padrinos y a toda la comunidad. Por favor, acompañen a estos confirmandos en su camino de fe. Ayúdenles con el ejemplo, con la cercanía y con la oración.
La fe crece cuando encuentra familias y comunidades que sostienen y animan.

Pidamos en esta Eucaristía que el Espíritu Santo descienda abundantemente sobre estos confirmandos. Que les conceda fortaleza en las dificultades, claridad en las decisiones, alegría en la fe y perseverancia en el camino cristiano. Y que, siguiendo el ejemplo de San Matías, sepan responder cada día al llamado del Señor con generosidad y fidelidad.
Así sea. Amén.

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