El Espíritu siempre abre caminos nuevos e insospechados para quienes se dejan conducir por Él

Sacramento de la Confirmación, Misa Ritual.

Miércoles 3 de junio de 2026. Parroquia Nuestra Señora del Carmen, La Tigra, 6:00 p.m.

Hermanos todos, de manera especial queridos confirmandos:

Recibimos la gracia de tener hoy una celebración realmente hermosa para esta comunidad parroquial. No estamos reunidos simplemente para concluir un proceso de catequesis, sino para celebrar un nuevo comienzo en la vida cristiana de ustedes, que hoy reciben la fuerza del Espíritu Santo en el Sacramento de la Confirmación. Este es un momento de gracia, compromiso y envío. Dios los llama hoy a dar un paso más en la fe, no como espectadores del Evangelio, sino como discípulos misioneros.

Además, en el Evangelio según San Juan, Jesús nos ofrece una promesa que ilumina profundamente esta celebración: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho». La Confirmación es precisamente la actualización de esa promesa. El Espíritu Santo viene a habitar en el corazón de quienes aman al Señor y desean guardar su palabra; viene como Maestro interior que guía, fortalece y ayuda a permanecer fieles a Cristo en medio de los desafíos de cada día.

La primera lectura de Isaías nos recuerda que cuando Dios derrama su Espíritu sobre una persona, siempre lo hace para una misión. Hoy ustedes son ungidos para anunciar la Buena Noticia, para ser luz en medio del mundo, para llevar esperanza donde hay tristeza, reconciliación donde hay división y fe donde muchas veces hay indiferencia. Enviados para sanar, consolar y animar en nombre de Dios.

La Confirmación fortalece la gracia del Bautismo. El Señor los sella con su Espíritu para que puedan vivir una fe más consciente, madura y comprometida. Dentro de poco recibirán la unción con el santo crisma, signo de esa consagración que los configura más profundamente con Cristo. Como en la tradición bíblica eran ungidos profetas, reyes y sacerdotes, también ustedes son hoy ungidos y fortalecidos para participar en la misión de Cristo y servir a su Reino.

Jesús también afirma en el Evangelio de hoy: «Si alguno me ama, guardará mi palabra; mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él». Esta es una de las gracias más hermosas que hoy reciben los confirmandos: Dios no permanece lejano, sino que quiere habitar en ustedes. El Espíritu Santo los capacita para vivir esa amistad con Dios y para hacer de toda su vida una respuesta de amor al Señor.

Reciben además los dones del Espíritu Santo, que son ayudas concretas para la vida diaria: sabiduría para elegir bien, fortaleza para perseverar, consejo para discernir, piedad para vivir cerca de Dios. Son dones para enfrentar los desafíos de este tiempo, para vivir con valentía la fe y para no dejarse arrastrar por aquello que nos aparta del Evangelio.

Por otro lado, es muy importante recordar que la Confirmación no es la meta o el final, por el contrario, es el comienzo de una nueva etapa. No termina hoy su camino cristiano; hoy empieza con más responsabilidad. La Iglesia necesita confirmados que crean, que oren, que sirvan y que se comprometan. Necesita testigos alegres, convencidos y generosos. El mundo necesita cristianos que no escondan su fe, sino que la vivan con autenticidad en la familia, en el estudio, en el trabajo, con las amistades y también en los nuevos espacios digitales donde hoy se construyen relaciones y valores.

Sabemos que ser creyente en nuestro tiempo no es fácil. Hay muchas voces que confunden, muchas corrientes que invitan a vivir como si Dios no existiera. Por eso este sacramento es también fortaleza para mantenerse firmes cuando la fe sea puesta a prueba, cuando seguir a Cristo exija ir contracorriente, cuando vivir el Evangelio implique decisiones valientes.

Hoy celebramos la Memoria de San Carlos Luanga y compañeros mártires, podemos ver en ellos un ejemplo luminoso para ustedes, queridos confirmandos. Estos jóvenes mártires africanos permanecieron fieles a Cristo aun en medio de la persecución y prefirieron dar la vida antes que renunciar a su fe. Su testimonio nos recuerda que el Espíritu Santo da valentía para defender la verdad, vivir con pureza de corazón y seguir a Jesús con fidelidad. Que ellos los inspiren a ser confirmados firmes en la fe, generosos en el amor y valientes para dar testimonio cristiano en el mundo de hoy.

Al ser llamados a este testimonio, hay que comprender que la fe se vive en comunidad. Nadie cree o tiene fe solo. Ser confirmados significa incorporarse más plenamente a la vida de la Iglesia, sentirse parte viva de esta parroquia, asumir un lugar en ella. Esto fue lo que ocurrió en Samaria cuando recibieron el Espíritu Santo por la oración e imposición de manos de Pedro y Juan, como nos contaba la segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles. Con este Espíritu que recibirán, tal vez algunos serán llamados a servir en grupos juveniles, en la liturgia, en la catequesis, en obras de caridad y, por qué no, en la vida sacerdotal, consagrada o religiosa. El Espíritu siempre abre caminos nuevos e insospechados para quienes se dejan conducir por Él.

Queridos confirmandos, pregúntense hoy qué harán con este don que reciben. ¿Cómo responderán al Señor? ¿Cómo harán fructificar esta gracia? Tal vez comenzando por ser más fieles a la oración, participando con amor en la Eucaristía, viviendo con coherencia, siendo mejores hijos, amigos y creyentes. La santidad comienza en lo cotidiano.

No tengan miedo de tomar en serio la fe. No teman a ser distintos. Cristo no quita nada, sino que da plenitud a la vida. El mundo no necesita cristianos tibios, sino testigos valientes; no necesita creyentes de apariencia, sino discípulos auténticos.

Y quiero también dirigirme a los padres, padrinos y a toda la comunidad: por favor, acompañen a estos confirmandos. La fe necesita testimonio, apoyo y cercanía. Después de esta celebración ellos necesitarán seguir siendo animados para crecer en el camino cristiano. Hoy toda la Iglesia renueva también su compromiso con ellos. Démosle nuestro apoyo, presencia, testimonio, compañía y estímulo en la fe.

Pidamos al Espíritu Santo que descienda abundantemente sobre estos confirmandos; que les conceda luz para discernir, fortaleza para perseverar, alegría para seguir a Cristo y generosidad para servir a la Iglesia. Que María Santísima, Nuestra Señora del Carmen, patrona de esta comunidad, los acompañe y los ayude a vivir siempre fieles al Evangelio. Que hoy puedan responder con todo el corazón: Señor, aquí estoy, envíame.

Así sea, amén.

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