El Señor nos invita a responder desde la fuerza transformadora del amor, la misericordia y la generosidad

Encuentro de las comisiones diocesanas de la Pastoral Sacerdotal o del Clero,

Lunes 15 de junio de 2026, Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles.

Queridos hermanos sacerdotes, delegados y miembros de las comisiones diocesanas de pastoral sacerdotal y del clero:

Nos reunimos nuevamente con profunda gratitud al Señor en este encuentro nacional que nos permite compartir la vida, las inquietudes, los desafíos y las esperanzas de nuestro servicio a los sacerdotes de Costa Rica. La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina de manera providencial los temas que hoy nos convocan y nos ayuda a discernir el camino que el Señor nos pide recorrer como Iglesia.

En la primera lectura, tomada del primer libro de los Reyes, contemplamos el doloroso episodio de Nabot y la viña que le fue injustamente arrebatada por la ambición del rey Ajab y la perversidad de su mujer Jezabel. Este relato nos recuerda cómo el abuso del poder, la manipulación y la indiferencia ante la dignidad de la persona terminan generando sufrimiento, injusticia y muerte. No es solamente una historia del pasado; es una advertencia permanente para todos los tiempos. Allí donde la persona deja de ser respetada en su dignidad y donde el interés personal prevalece sobre el bien del otro, se abre camino una cultura que hiere, excluye y destruye.

Por eso resulta particularmente significativo que uno de los temas centrales de nuestro encuentro sea la reflexión sobre el V Congreso de CEPROME, centrado en la reparación dentro de la cultura del cuidado y del buen trato. Como Iglesia estamos llamados no solo a prevenir toda forma de abuso, sino también a promover ambientes verdaderamente sanos, seguros y fraternos. La reparación no es únicamente una tarea jurídica o institucional; es una expresión concreta del Evangelio. Reparar significa reconocer heridas, acompañar procesos, restaurar vínculos y contribuir a que las personas recuperen la confianza, la esperanza y la dignidad que nunca debieron perder.

El Evangelio de San Mateo nos lleva todavía más lejos. Jesús nos presenta una lógica distinta a la del mundo: “No hagan frente al que les agravia”. No se trata de resignación ni de pasividad ante el mal. Se trata de romper la cadena de la violencia, del resentimiento y de la confrontación. El Señor nos invita a responder desde la fuerza transformadora del amor, la misericordia y la generosidad. Quien ofrece la otra mejilla, da también el manto y camina una milla más, está manifestando la libertad interior de quien no se deja dominar por el egoísmo ni por el deseo de venganza ni violencia.

Esta enseñanza adquiere una resonancia especial cuando pensamos en el cuidado de nuestros sacerdotes. Las conclusiones de la consulta sobre la salud mental y la calidad de vida del clero en Costa Rica nos interpelan profundamente. Detrás de los datos y las estadísticas encontramos rostros concretos, historias de entrega generosa, cansancios acumulados, soledades silenciosas, preocupaciones pastorales y necesidades humanas que no siempre encuentran espacios adecuados para ser escuchadas y acompañadas.

La pastoral sacerdotal tiene precisamente esa misión: ayudar a que cada sacerdote experimente que no camina solo. Cuidar al sacerdote no es un lujo ni una actividad secundaria, sino una responsabilidad pastoral de primer orden. Un presbítero acompañado, escuchado, valorado y sostenido humana y espiritualmente podrá servir con mayor libertad, alegría y fecundidad al Pueblo de Dios. Por eso, las conclusiones de esta consulta no pueden quedar únicamente como un documento de estudio. Deben convertirse en motivación para fortalecer iniciativas concretas de acompañamiento integral, fraternidad sacerdotal, atención preventiva y promoción de una auténtica cultura del cuidado.

Quiero agradecer de manera especial a cada uno de ustedes, delegados y miembros de las comisiones diocesanas, por el servicio constante y generoso que realizan en favor de los sacerdotes. Muchas veces es un trabajo discreto, silencioso y poco visible, pero extraordinariamente valioso para la vida de nuestras diócesis. Su dedicación expresa la cercanía de la Iglesia con quienes han entregado su vida a través del ministerio sacerdotal.

Asimismo, este encuentro nacional posee un valor muy significativo. Nos permite escucharnos mutuamente, compartir experiencias, aprender unos de otros y fortalecer criterios comunes para responder a los desafíos actuales. Ninguna comisión diocesana puede afrontar sola las complejidades de nuestro tiempo. La comunión y la colaboración son hoy más necesarias que nunca. Lo que una diócesis aprende y desarrolla puede enriquecer el camino de todas las demás.

Y no deja de tener un profundo significado que nos encontremos nuevamente en este Seminario, lugar donde la mayoría de nosotros hemos vivido años fundamentales de formación, discernimiento y crecimiento vocacional. Volver aquí es recordar nuestras primeras ilusiones sacerdotales, la llamada del Señor que transformó nuestras vidas y la fraternidad que comenzó a tejerse en esta querida casa.

Pidamos hoy al Señor que este encuentro produzca frutos abundantes. Que nos conceda la sabiduría para afrontar los desafíos que presentan la cultura del cuidado, la reparación y la atención integral a la salud mental y calidad de vida del clero. Que fortalezca nuestro compromiso con la pastoral sacerdotal y nos ayude a construir comunidades presbiterales cada vez más fraternas, humanas, saludables y evangelizadoras. Que María, Madre de los sacerdotes, nos acompañe y sostenga en esta misión. Y que el Señor, que comenzó en nosotros la buena obra, la lleve a plenitud para gloria suya y bien de toda la Iglesia.

Así sea, amén.

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