Entrar por Cristo significa confiar en Él, acoger su palabra, dejarse guiar por su estilo de vida

IV Domingo de Pascua, 26 de abril de 2026.

Fiesta Patronal Parroquia El Buen Pastor, Río Frío, 10:00 a.m.

LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

El IV Domingo de Pascua, tradicionalmente llamado el domingo del Buen Pastor, nos reúne hoy como comunidad por un doble motivo de gracia y bendición: por una parte, la celebración litúrgica que nos invita a contemplar a Cristo como la puerta y el pastor que conduce a su rebaño; y por otra, la alegría profunda de celebrar la fiesta patronal aquí en la Parroquia de Río Frío. A esto se suma también la celebración de la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que nos recuerda que la Iglesia vive, crece y se sostiene gracias a personas que escuchan la voz del Señor y responden con generosidad.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos sitúa en un momento decisivo. En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, después de anunciar a Cristo resucitado, invita a la conversión con una frase fuerte: “Sálvense de esta generación perversa”. Esta llamada no es un rechazo al mundo, sino una invitación a vivir de otra manera, a entrar por la puerta correcta, a no dejarnos confundir por caminos que prometen mucho pero no conducen a la vida verdadera. Hoy también nosotros necesitamos escuchar esta voz, porque vivimos en medio de muchas propuestas y de muchas “puertas”, pero no todas llevan a la plenitud.

El Evangelio de San Juan nos presenta a Jesús como la puerta del rebaño. Esta imagen es profundamente significativa. La puerta es lugar de paso, pero también de decisión. No se puede permanecer siempre fuera o siempre dentro sin elegir. Cristo no se impone, pero se ofrece: “El que entre por mí se salvará”. Es una afirmación que no limita, sino que abre horizontes. Entrar por Cristo significa confiar en Él, acoger su palabra, dejarse guiar por su estilo de vida.

Celebrar la fiesta patronal es precisamente eso: recordar que la comunidad parroquial tiene una identidad, un centro, una puerta por la cual ha decidido entrar y vivir. La fiesta patronal es memoria viva de la presencia de Dios en medio de su pueblo, es renovar la pertenencia a Cristo, es reconocer que Él es el verdadero pastor de esta comunidad.

Hoy, en Río Frío, no celebramos solo un acontecimiento externo de costumbre, sino una realidad espiritual profunda: somos un rebaño reunido por el Señor. Él nos conoce, nos llama por nuestro nombre, camina con nosotros. Y esto tiene consecuencias concretas. Porque si Cristo es la puerta, entonces nuestra comunidad está llamada a ser también “puerta” para otros: puerta abierta, acogedora, que no excluye, que no juzga con dureza, que no cierra el paso, sino que invita al encuentro.

Sin embargo, no podemos ignorar los retos que enfrentamos como comunidad. Vivimos en un tiempo donde la fe se debilita fácilmente, donde muchos se sienten desorientados, donde las nuevas generaciones a veces crecen sin referencias claras. Existe el riesgo de una fe superficial, de una religiosidad solo de momentos, de una vida cristiana que no transforma realmente el corazón.

También enfrentamos desafíos sociales: la fragmentación familiar, la pérdida de valores, la indiferencia religiosa, la tentación del individualismo. En medio de todo esto, la voz del Buen Pastor sigue resonando, pero requiere oídos atentos. No basta con escucharla ocasionalmente; es necesario aprender a reconocerla en medio del ruido del mundo.

Por eso, esta fiesta patronal debe impulsarlos a ustedes a asumir compromisos concretos. En primer lugar, fortalecer la vida de fe: una fe que se alimenta de la Palabra, de la Eucaristía, de la oración constante. En segundo lugar, construir una comunidad más fraterna, donde nadie se sienta solo, donde haya cercanía real y se viva el amor cristiano de manera visible. En tercer lugar, ser una Iglesia en salida, que no se encierra en sí misma, sino que va al encuentro de los alejados, de los heridos, de los que buscan sentido.

En este contexto cobra una importancia especial la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Hoy la Iglesia nos invita a pedir con insistencia que el Señor siga llamando obreros para su mies. Necesitamos sacerdotes, religiosos, religiosas, pero también laicos comprometidos, familias que vivan su vocación con fidelidad.

El mensaje del Papa León XIV para esta Jornada resalta precisamente que toda vocación nace del encuentro con Cristo, el Buen Pastor, y que nadie puede descubrir su camino si no aprende antes a escuchar su voz. Nos recuerda que la vocación no es un privilegio de unos pocos, sino una llamada que atraviesa toda la vida de la Iglesia. Cada uno de nosotros ha sido llamado, y la pregunta no es si tenemos vocación, sino si estamos dispuestos a responder con generosidad y compromiso.

En una comunidad cristiana como ésta, este llamado se vuelve muy concreto: ¿estamos creando un ambiente donde los jóvenes puedan preguntarse por su vocación? ¿Estamos dando testimonio de una fe alegre y coherente que inspire a otros? ¿Estamos orando realmente por las vocaciones, o lo vemos como algo lejano?

Ser comunidad del Buen Pastor implica asumir también la misión de acompañar, de cuidar, de animar. Implica que cada familia, cada grupo, cada agente pastoral se convierta en un espacio donde la voz de Dios pueda ser escuchada. Porque muchas veces el Señor llama, pero su voz se pierde en medio del ruido, o no encuentra corazones disponibles.

Hoy, entonces, el Señor nos dirige una invitación clara: entrar por Él, permanecer en Él y convertirnos en signo de su presencia. No basta con decir que creemos; es necesario vivir como ovejas que reconocen a su pastor, que confían en Él, que siguen su camino.

Que esta fiesta patronal no sea solo un momento de alegría externa, sino una verdadera renovación espiritual. Que salgamos de aquí con el deseo de vivir más profundamente nuestra fe, de comprometernos más con nuestra comunidad, de abrir más nuestras puertas a los demás.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón dócil, capaz de escuchar su voz. Que nos ayude a ser una comunidad unida, misionera y acogedora. Y que, en medio de los desafíos, nunca olvidemos que no estamos solos: Él es el Buen Pastor, Él es la puerta, Él es quien nos conduce hacia la vida plena.

Que así sea, amén.

Oh, Jesús, pastor eterno de tu Iglesia. Danos muchos y santos sacerdotes, consagrados y familias cristianas.

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