Cada 2 de agosto, el corazón de Costa Rica vuelve su mirada hacia Nuestra Señora de los Ángeles, la Madre que el Señor ha querido regalar a nuestro pueblo como signo de esperanza, unidad y consuelo. Su presencia ha acompañado la historia de nuestra patria durante siglos, fortaleciendo la fe de generaciones enteras que han encontrado en ella un refugio seguro en los momentos de alegría, de incertidumbre y de dolor.
La devoción a la Virgen de los Ángeles no es únicamente una hermosa tradición heredada de nuestros mayores. Es la expresión de una fe que permanece viva y que reconoce en María a la primera discípula del Señor, aquella que acogió la Palabra con un corazón disponible y respondió con generosidad: “Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38). En ella descubrimos el modelo de todo creyente que desea vivir conforme a la voluntad de Dios.
Cada año, cientos de miles de personas emprenden la peregrinación hacia la Basílica de los Ángeles. Más allá del esfuerzo físico, ese caminar expresa una realidad profundamente espiritual: todos somos peregrinos que avanzamos hacia el encuentro con Dios.
También nuestra Diócesis de Ciudad Quesada se une a esta gran manifestación nacional de fe. Numerosos fieles participan en la peregrinación hasta el Santuario Nacional y muchas de nuestras parroquias celebran esta solemnidad con profundo fervor mariano. En nuestra propia diócesis tenemos un Santuario Mariano Diocesano en honor de “La Negrita” donde expresamos nuestra comunión con toda la Iglesia que peregrina en Costa Rica bajo la protección de la misma Madre.
Sin embargo, la mejor manera de honrar a la Virgen no consiste únicamente en llegar hasta su Santuario. La verdadera peregrinación comienza cuando regresamos a nuestra vida cotidiana y permitimos que el ejemplo de María transforme nuestra manera de pensar, de servir y de amar. La auténtica devoción mariana siempre conduce a una vida más plenamente cristiana.
María nunca buscó protagonismo para sí misma. Toda su existencia estuvo orientada hacia Jesucristo. En las bodas de Caná pronunció unas palabras que siguen siendo el mejor programa de todo discípulo: “Hagan lo que Él les diga” (Juan 2, 5). Quien se deja inspirar por Nuestra Señora de los Ángeles aprende a escuchar a Cristo, a confiar en Él y a poner el Evangelio en el centro de su existencia.
Costa Rica hoy necesita familias donde florezcan el diálogo y el perdón; jóvenes capaces de responder con valentía a la llamada de Dios; servidores públicos que ejerzan su misión con honestidad; comunidades que sepan tender puentes de reconciliación… personas que descubran en el servicio generoso el camino de la verdadera grandeza.
Al celebrar esta Solemnidad el 2 de agosto, pidamos a María que nos enseñe a escuchar la voz de Dios con la misma disponibilidad con que ella respondió al anuncio del ángel.
Que Nuestra Señora de los Ángeles, Reina y Patrona de Costa Rica, siga protegiendo a nuestro pueblo e imploramos que acompañe de manera especial el caminar de nuestra Diócesis de Ciudad Quesada.
Fermento 435. Martes 28 de julio, 2026
