III Domingo de Pascua, 19 de abril de 2026.
Confirmación Parroquia Santa Rita de Casia, Río Cuarto, 11:00 a.m.
Hermanos todos, especialmente queridos confirmandos:
La Palabra de Dios de este III Domingo de Pascua nos sitúa en un camino profundamente humano y cristiano: el camino de Emaús. Dos discípulos caminan desalentados, con el corazón lleno de tristeza y confusión. Habían puesto su esperanza en Jesús, pero su muerte en la cruz parecía haber destruido todos sus sueños. “Nosotros esperábamos…”, dicen con nostalgia. Es la frase de quien siente que la vida no resultó como esperaba.
Sin embargo, ese mismo camino de desilusión se convierte en camino de encuentro. En el Evangelio de San Lucas, Jesús Resucitado se acerca, camina con ellos, escucha su dolor, ilumina su mente con la Palabra y, finalmente, se deja reconocer al partir el pan. Entonces todo cambia: el corazón arde, los ojos se abren, y los pies —que antes huían— ahora regresan con prisa a la comunidad para dar testimonio.
Este relato no es solo una historia del pasado. Es el retrato de nuestra propia vida. Todos, en algún momento, hemos experimentado el desaliento, la duda, la tentación de alejarnos de la comunidad o de abandonar los ideales del Evangelio. Pero también todos hemos experimentado, de una u otra manera, que el Señor sale a nuestro encuentro, incluso cuando no lo reconocemos de inmediato.
Hoy, queridos confirmandos, este Evangelio se cumple de manera especial en ustedes. Porque ustedes también están en camino. Y hoy, ese camino da un paso decisivo: reciben el don del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que transformó a los apóstoles en testigos valientes de la resurrección.
En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles escuchábamos a Pedro proclamar con firmeza: “A Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”. Esa es la identidad propia del cristiano: ser un testigo. No simplemente alguien que sabe cosas sobre Jesús, sino alguien que ha hecho experiencia de Él y no puede callar.
La Confirmación, entonces, tiene un significado profundo: es el sacramento que los fortalece con el Espíritu Santo para que sean testigos maduros de Cristo en medio del mundo. Esto no es una “graduación” ni un final, sino un verdadero envío. Es Dios mismo que pone su sello en ustedes para fortalecerlos y enviarlos como testigos suyos.
En el momento central del sacramento, el obispo realizará la unción con el santo crisma y pronunciará la fórmula: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Esa unción no es un simple gesto simbólico: es una marca espiritual indeleble, para siempre. Así como el aceite penetra y consagra, así el Espíritu Santo entra en lo más profundo de su ser para fortalecerlos, guiarlos y enviarlos. Ese “sello” significa que ustedes pertenecen a Cristo de una manera nueva y más plena. Significa que están llamados a vivir como Él vivió, a amar como Él amó, y a anunciar lo que Él anunció.
Pero este don también implica exigencias. No se puede recibir el Espíritu Santo y seguir viviendo como si nada hubiera pasado. La Confirmación les pide coherencia: que lo que creen se refleje en su vida. Les pide identidad: saber quiénes son como cristianos. Les pide decisión: no dejarse llevar por cualquier corriente del mundo, sino mantenerse firmes en la fe.
El camino de Emaús nos enseña precisamente eso. Los discípulos pasaron del desaliento a la fe, de la huida al compromiso, del silencio al testimonio. Ese mismo proceso está llamado a darse en ustedes. Habrá momentos difíciles, dudas, cansancio… pero el Señor siempre caminará a su lado.
Además, la Confirmación los introduce de manera más plena en la vida de la Iglesia. Ustedes no están solos, sino que forman parte de una comunidad viva, que necesita de ustedes. La Iglesia no es solo un lugar al que se viene; es una familia en la que se participa y se sirve como es el caso de la Parroquia de Santa Rita.
Por eso, hoy también se les invita a asumir un compromiso apostólico y testimonial. Apostólico, porque están enviados a anunciar a Cristo en sus ambientes: en la familia, en el estudio, con sus amigos. Testimonial, porque muchas veces hablarán más con su vida que con sus palabras. El mundo necesita ver jóvenes auténticos, alegres, coherentes, que vivan su fe con convicción.
En esta Parroquia de Santa Rita de Casia hay mucho espacio para ustedes. No se alejen. No piensen que ya cumplieron. Al contrario, hoy comienza una nueva etapa. La Iglesia necesita su energía, su creatividad, su entusiasmo. Necesita jóvenes que se comprometan en la catequesis, en la liturgia, en la acción social, en la evangelización.
La permanencia en la Iglesia es clave. Los discípulos de Emaús regresaron a Jerusalén, volvieron a la comunidad. Así también ustedes están llamados a permanecer, a no perderse, a no dejar que la fe se enfríe. La Confirmación no tendrá fruto si no se cultiva con la oración, los sacramentos y la vida comunitaria.
Y finalmente, el servicio. El Espíritu Santo que reciben no es para guardarlo, sino para ponerlo al servicio de los demás. Cada uno ha recibido dones, talentos, capacidades. Descubran cuál es su lugar y entréguense con generosidad. Servir en la Iglesia no es una carga, es una gracia y una alegría.
Queridos confirmandos, hoy el Señor los mira con amor y confía en ustedes. Así como caminó con los discípulos de Emaús, hoy camina con ustedes. Así como encendió su corazón, hoy quiere encender el suyo. Así como los envió a anunciar, hoy los envía también a ustedes.
Pidámosle al Señor en esta Eucaristía que no permitamos que el desaliento nos venza, que sepamos reconocer su presencia en nuestra vida, y que, fortalecidos por el Espíritu Santo, podamos ser testigos convencidos, valientes y decididos de Cristo Resucitado.
Que María, Madre de la Iglesia, y Santa Rita de Casia, intercedan por ustedes para que permanezcan firmes en la fe y generosos en el servicio.
Así sea, amén.
