Sacramento de la Confirmación, Sábado 13 de junio de 2026.
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, Boca de Arenal, 10:00 a.m.
Memoria San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia.
Hermanos todos, de manera especial queridos confirmandos:
Recibimos la gracia de tener hoy una celebración realmente hermosa para esta comunidad parroquial. No estamos reunidos simplemente para concluir un proceso de catequesis, sino para celebrar un nuevo comienzo en la vida cristiana de ustedes, que hoy reciben la fuerza del Espíritu Santo en el Sacramento de la Confirmación. Este es un momento de gracia, compromiso y envío. Dios los llama hoy a dar un paso más en la fe, no como espectadores del Evangelio, sino como discípulos misioneros.
La Palabra de Dios nos recuerda que el Espíritu Santo nunca se recibe para quedarnos inmóviles, sino para ser enviados. Escuchábamos, en la primera lectura del profeta Isaías que cuando Dios derrama su Espíritu sobre una persona, siempre lo hace para una misión. Hoy ustedes son ungidos para anunciar con su vida que Cristo vive, para ser luz en medio del mundo, para llevar esperanza donde hay tristeza, reconciliación donde hay división y fe donde muchas veces hay indiferencia.
La Confirmación fortalece la gracia del Bautismo. El Señor los sella con su Espíritu para que puedan vivir una fe más consciente, madura y comprometida. No es un adorno espiritual ni una tradición social; es un don que transforma la vida. Dentro de poco recibirán la unción con el santo crisma, signo de esa consagración que los configura más profundamente con Cristo. Como en la tradición bíblica eran ungidos profetas, reyes y sacerdotes, también ustedes son hoy ungidos y fortalecidos para participar en la misión de Cristo y servir a su Reino.
Recibirán además los dones del Espíritu Santo, que no son ideas abstractas sino ayudas concretas para la vida diaria: sabiduría para elegir bien, fortaleza para perseverar, consejo para discernir, piedad para vivir cerca de Dios. Son dones para enfrentar los desafíos de este tiempo, para vivir con valentía la fe y para no dejarse arrastrar por aquello que nos aparta del Evangelio.
Y esto es importante recordarlo: la Confirmación no es la meta o el final, por el contrario, es el comienzo de una nueva etapa. No termina hoy su camino cristiano; hoy empieza con más responsabilidad. La Iglesia necesita confirmados que crean, que oren, que sirvan y que se comprometan. Necesita testigos alegres, convencidos y generosos. El mundo necesita cristianos que no escondan su fe, sino que la vivan con autenticidad en la familia, en el estudio, en el trabajo, con las amistades y también en los nuevos espacios digitales donde hoy se construyen relaciones y valores.
Sabemos que ser creyente en nuestro tiempo no es fácil. Hay muchas voces que confunden, muchas corrientes que invitan a vivir como si Dios no existiera. Por eso este sacramento es también fortaleza para mantenerse firmes cuando la fe sea puesta a prueba, cuando seguir a Cristo exija ir contracorriente, cuando vivir el Evangelio implique decisiones valientes.
Hoy celebramos la Memoria de San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia. En él encontramos un ejemplo luminoso para ustedes, queridos confirmandos. San Antonio fue un hombre profundamente enamorado de Cristo, lleno de sabiduría y celo apostólico. Con la fuerza del Espíritu Santo dedicó su vida a anunciar el Evangelio, a enseñar la verdad de la fe y a acercar muchas personas a Dios mediante su palabra y su testimonio. Su vida nos recuerda que el Espíritu Santo concede los dones necesarios para servir a la Iglesia y para dar razón de nuestra esperanza en medio del mundo.
Al ser llamados a este testimonio, hay que comprender que la fe se vive en comunidad. Nadie cree o tiene fe solo. Ser confirmados significa incorporarse más plenamente a la vida de la Iglesia, sentirse parte viva de esta parroquia, asumir un lugar en ella. Esto fue lo que ocurrió en Samaria cuando recibieron el Espíritu Santo por la oración e imposición de manos de Pedro y Juan, como nos contaba la segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles. Con este Espíritu que recibirán, tal vez algunos serán llamados a servir en grupos juveniles, en la liturgia, en la catequesis, en obras de caridad y, por qué no, en la vida sacerdotal, consagrada o religiosa. El Espíritu siempre abre caminos nuevos e insospechados para quienes se dejan conducir por Él.
Queridos confirmandos, pregúntense hoy qué harán con este don que reciben. ¿Cómo responderán al Señor? ¿Cómo harán fructificar esta gracia? Tal vez comenzando por ser más fieles a la oración, participando con amor en la Eucaristía, viviendo con coherencia, siendo mejores hijos, amigos y creyentes. La santidad comienza en lo cotidiano.
No tengan miedo de tomar en serio la fe. No teman a ser distintos. Cristo no quita nada, sino que da plenitud a la vida. El mundo no necesita cristianos tibios, sino testigos valientes; no necesita creyentes de apariencia, sino discípulos auténticos.
Y quiero también dirigirme a los padres, padrinos y a toda la comunidad: por favor, acompañen a estos confirmandos. La fe necesita testimonio, apoyo y cercanía. Después de esta celebración ellos necesitarán seguir siendo animados para crecer en el camino cristiano. Hoy toda la Iglesia renueva también su compromiso con ellos. Démosle nuestro apoyo, presencia, testimonio, compañía y estímulo en la fe.
Pidamos al Espíritu Santo que descienda abundantemente sobre estos confirmandos; que les conceda luz para discernir, fortaleza para perseverar, alegría para seguir a Cristo y generosidad para servir a la Iglesia. Que María Santísima, Nuestra Señora de Lourdes, patrona de esta comunidad, los acompañe y los ayude a vivir siempre fieles al Evangelio. Que hoy puedan responder con todo el corazón: Señor, aquí estoy, envíame.
Así sea, amén.
