La vía del diálogo

Costa Rica ha vivido, en los últimos días y semanas, uno de esos momentos que marcan el pulso de la vida democrática de una nación. La instalación de un nuevo Gobierno de la República, el inicio de funciones de nuevas diputaciones y el comienzo de un periodo político representan una oportunidad para renovar esperanzas, corregir caminos y fortalecer el compromiso con el bien común.

Cada transición democrática debería recordarnos que la política, cuando se vive con rectitud y auténtico espíritu de servicio, puede convertirse en una de las expresiones más nobles del amor al prójimo. Gobernar no es imponerse y legislar no es confrontar permanentemente. La verdadera autoridad se legitima en la escucha, la prudencia y la capacidad de construir puentes aun en medio de las diferencias.

Nuestro país atraviesa desafíos profundos. Muchas familias viven con incertidumbre económica; miles de jóvenes esperan oportunidades reales; la inseguridad golpea comunidades enteras; y no pocos ciudadanos sienten cansancio frente a un clima político marcado, en ocasiones, por la confrontación y la descalificación. Ante esta realidad, Costa Rica necesita más serenidad, más acuerdos y menos polarización.

La vía del diálogo auténtico no significa renunciar a las convicciones ni callar ante los errores. Dialogar es reconocer la dignidad del otro, escuchar con respeto y comprender que nadie posee por sí solo todas las respuestas. Una nación madura no se construye desde las trincheras ideológicas, sino desde la búsqueda sincera de puntos de encuentro.

La instalación de la nueva Presidencia de la República despierta expectativas legítimas en la ciudadanía. Quien asume el gobierno recibe una tarea inmensa y exigente, que debe ejercerse con humildad, responsabilidad y apertura. El pueblo espera liderazgo, pero también cercanía. Pedimos a Dios que ilumine a la Presidenta de la República y a todo su equipo de trabajo, desde quienes ejercen las más altas responsabilidades hasta quienes, con sencillez, sirven al país desde tareas muchas veces silenciosas, pero igualmente valiosas.

De igual manera, las nuevas diputaciones tienen ante sí una responsabilidad histórica. La Asamblea Legislativa no debería convertirse en un escenario permanente de disputas estériles o cálculos políticos. Costa Rica necesita un parlamento capaz de debatir con altura y legislar pensando primero en el país antes que en intereses partidarios.

También, cabe decir, el Poder Judicial está llamado a fortalecer la confianza del pueblo mediante una justicia independiente, transparente y cercana a las necesidades de la ciudadanía. En tiempos de creciente preocupación por la inseguridad, Costa Rica necesita instituciones judiciales firmes en la defensa de la verdad, la paz social y el Estado de Derecho.

Como sociedad, debemos comprender que el diálogo no es una tarea exclusiva de quienes gobiernan. Todos estamos llamados a cultivar una cultura de respeto y escucha: en las familias, en las comunidades, en las redes sociales y en los espacios públicos.

La tradición democrática costarricense ha sido admirada precisamente por su capacidad de resolver diferencias mediante la institucionalidad y la conversación. ¡Esa herencia no puede perderse! Dios nos ayude y no disponga a todos.

Fermento 427. Martes 2 de junio, 2026

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