Llamados a ofrecer su vida como un servicio a Dios

Sacramento de la Confirmación, Misa Ritual.
Sábado 9 de mayo de 2026.
Parroquia San José, Aguas Zarcas, 10:00 a.m.

Hermanos todos, especialmente queridos confirmandos:

Este no es un día cualquiera. Hoy celebramos un momento decisivo en la vida de ustedes, un paso que no marca el final de un camino, sino el comienzo de una etapa nueva, más consciente y comprometida en la fe. La Iglesia se alegra porque ustedes están aquí, no solo para cumplir con un rito, sino para abrir el corazón a una gracia que transforma la vida a través de la Confirmación.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos ayuda a comprender lo que está sucediendo. Desde antiguo, el Espíritu de Dios ha sido fuerza de envío, impulso de misión. La primera lectura del profeta Isaías dejaba claro que cuando el Espíritu desciende sobre una persona, nunca lo hace para dejarla igual. La mueve, la transforma, la envía. Hoy, ese mismo Espíritu viene sobre ustedes, no como una idea, no como un símbolo vacío, sino como presencia viva de Dios que quiere actuar en su vida concreta: en su familia, en sus estudios, en sus decisiones, en sus relaciones.

El salmo 103 nos ha dicho que el Espíritu del Señor renueva la faz de la tierra. El mundo en el que vivimos necesita renovación, lo vemos cada día: hay heridas, injusticias, confusión, indiferencia. Y, sin embargo, Dios no abandona su creación. Él quiere renovar la faz de la tierra, pero lo hace contando con nosotros. Por eso ustedes están aquí, porque Dios quiere servirse de ustedes para llevar luz donde hay oscuridad, esperanza donde hay desánimo, verdad donde hay mentira.

La segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles nos hace ver que la Confirmación los inserta más profundamente en la comunidad de la Iglesia. Nadie cree solo, nadie camina solo. La fe no es un asunto privado o aislado. Pedro y Juan, con la oración y la imposición de las manos, transmitieron a los samaritanos el Espíritu Santo. Como ellos, hoy ustedes son fortalecidos con ese mismo Espíritu para ser parte activa del pueblo de Dios, para sentirse responsables de la vida de la Iglesia, para participar, servir y construir comunidad. Este sacramento no los separa, los une más a la comunidad eclesial.

Jesús, en el Evangelio de San Juan, nos ha hecho una promesa que hoy se cumple de manera especial en ustedes: el Espíritu Santo será su guía, defensor y maestro interior. Esto es especialmente importante en el tiempo actual, porque vivimos en una cultura que ofrece muchas opciones, pero no siempre propone lo que verdaderamente construye la vida. Hay presiones, confusión, mensajes contradictorios. En medio de todo eso, el Espíritu Santo será luz para discernir, fuerza para decidir bien y valentía para mantenerse firmes.

¿Y qué significa concretamente lo que van a recibir? La Confirmación es la plenitud del Bautismo. Es decir, lo que comenzó en ustedes cuando fueron bautizados hoy se fortalece y madura. Dios reafirma, confirma su amor en ustedes y los marca con su Espíritu. Ese “sello” no es algo visible, pero sí profundamente real: ustedes pertenecen a Cristo de una manera más plena.

Un momento central de esta celebración será la unción con el santo crisma. Ese gesto, sencillo en apariencia, tiene una riqueza y profundidad inmensas. En la tradición bíblica, la unción era signo de elección y misión. Se ungía a quienes eran llamados a una tarea especial: reyes, sacerdotes y profetas. Hoy, ustedes son ungidos para participar en la misión de Cristo. Son llamados a anunciar la verdad, a ofrecer su vida como un servicio a Dios y a los demás, y a ser instrumentos de su amor en el mundo.

El Espíritu Santo que recibirán trae consigo dones concretos: les dará sabiduría para ver la vida con los ojos de Dios, entendimiento para profundizar en la fe, consejo para tomar decisiones correctas, fortaleza para no rendirse, ciencia para descubrir la presencia de Dios en todo, piedad para vivir como verdaderos hijos suyos, y un santo respeto que los mantiene en su camino. Estos dones no son ideas abstractas; son ayudas reales para la vida diaria.

Pero junto con el don viene la responsabilidad. Este es uno de los puntos más importantes que debemos comprender hoy: lo que reciben no es para guardarlo, sino para compartirlo. La fe no crece cuando se encierra, sino cuando se vive y se transmite. Ustedes son enviados a ser testigos, no espectadores. A vivir con coherencia, no a medias. A llevar a Cristo a los ambientes donde se desenvuelven.

Y aquí aparecen también los desafíos. No podemos ignorarlos, ser cristiano hoy exige valentía. Hay muchas propuestas que invitan a vivir sin Dios, a reducir la fe a algo superficial o a dejarla de lado cuando resulta incómoda. Existe la tentación de pensar que después de la Confirmación “ya cumplí” y que todo termina aquí. Pero eso sería un error. Hoy no termina nada; hoy empieza lo más importante en la fe.

Uno de los grandes retos será la perseverancia. Permanecer en la fe cuando otros se alejan, cuando surgen dudas, cuando vivir el Evangelio implica ir contra corriente. Se necesita carácter, convicción y, sobre todo, confianza en la gracia de Dios. Otro desafío es permanecer en la comunidad, la Iglesia los necesita no como asistentes ocasionales, sino como miembros activos. Este es el momento de involucrarse más en grupos juveniles, en la liturgia, en la catequesis, en el servicio a los más necesitados. Tal vez algunos ojalá descubran un llamado especial dentro de la Iglesia como al sacerdocio o a la vida consagrada; el Espíritu siempre abre caminos nuevos. También están llamados a ser testigos en los nuevos espacios donde hoy se desarrolla gran parte de la vida: el mundo digital, las redes sociales, los entornos virtuales. Allí también se necesita verdad, respeto, coherencia. Ser cristiano hoy implica llevar el Evangelio incluso a esos lugares.

Queridos confirmandos, vale la pena hacerse una pregunta muy personal: ¿qué voy a hacer con el don que hoy recibo? No basta con recibirlo; hay que responder. Tal vez la respuesta concreta sea comprometerse más con la oración, participar con fidelidad en la Eucaristía, vivir con mayor coherencia en la familia, ser un mejor amigo, un mejor estudiante, una mejor persona. Asimismo, no tengan miedo de tomarse en serio la fe. No teman a ser diferentes, el mundo no necesita más indiferencia, necesita testigos auténticos.

Y también hoy es importante dirigir una palabra a los padres, padrinos y a toda la comunidad: por favor, acompañen a estos confirmandos. La fe necesita ser sostenida. No basta con traerlos hasta aquí; hay que caminar con ellos a partir de hoy.

Antes de concluir, pongamos también nuestra mirada en San José, patrono de esta comunidad. Que él interceda por ustedes, queridos confirmandos, para que el don que hoy reciben dé fruto abundante. Que les enseñe a ser firmes en la fe, responsables en sus decisiones y constantes en el bien, incluso cuando el camino se vuelva exigente.

Pidamos juntos que el Espíritu Santo descienda sobre estos confirmandos en abundancia. Que les dé fuerza en las dificultades, claridad en las decisiones, alegría en la fe y perseverancia en el camino. Que los transforme en discípulos misioneros, capaces de llevar esperanza donde estén. Y que, como respuesta generosa al llamado de Dios, cada uno de ustedes pueda decir con la vida entera: “Aquí estoy, Señor, cuenta conmigo”.

Así sea, amén.

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