Eucaristía con los undécimos años del Colegio Diocesano P. Eladio Sancho.
Memoria de Santa Teresa de Jesús, Jueves 15 de octubre de 2026.
Queridos jóvenes, hoy nos reunimos para dar gracias a Dios por el camino recorrido durante tantos años en el Colegio Diocesano. Ustedes llegan a una etapa muy importante de sus vidas: concluyen un ciclo de formación y se preparan para abrir nuevas puertas, asumir responsabilidades y comenzar a construir con mayor decisión su propio proyecto de vida. Este es un momento de alegría, de esperanza y también de gratitud hacia Dios, sus familias, sus educadores y esta institución que los ha acogido, acompañado y ayudado a crecer.
San Pablo, en la primera lectura a los efesios, nos recuerda que Dios nos ha elegido en Cristo desde antes de la creación del mundo para que vivamos en el amor y seamos sus hijos. ¡Qué importante verdad para llevar en el corazón al salir del colegio! Ustedes no son simplemente estudiantes que terminan una etapa académica, sino personas amadas por Dios, con una dignidad que nadie puede quitarles, con talentos que deben desarrollar y con una misión que están llamados a descubrir. La vida no consiste solamente en alcanzar títulos, conseguir un buen trabajo o tener éxito material y económico. Todo eso puede ser importante, pero lo fundamental es llegar a ser personas de bien, con una conciencia recta, capaces de amar, servir, respetar y hacer el bien allí donde se encuentren.
En estos años, el Colegio Diocesano les ha ofrecido mucho más que conocimientos y preparación académica. Les ha transmitido valores, principios, experiencias de convivencia y una formación religiosa católica que los invita a reconocer a Dios como centro de la existencia y a Jesucristo como camino, verdad y vida. Todo este legado constituye una riqueza que ahora les corresponde a ustedes cuidar y hacer fructificar. Llévense de aquí valores como la amistad, la responsabilidad, la honestidad, el respeto, la solidaridad, la disciplina y la capacidad de trabajar por los demás. No permitan que las nuevas experiencias o los ambientes que encuentren les hagan olvidar los principios que han aprendido aquí. Al contrario, demuestren que la formación recibida ha echado raíces profundas en ustedes.
El evangelio de San Lucas nos advierte sobre el peligro de una religiosidad que se queda en las apariencias y que no se traduce en una vida coherente. Jesús cuestiona a quienes honran exteriormente a los profetas, pero no escuchan verdaderamente la voz de Dios. Esta palabra también nos interpela: no basta con haber recibido formación cristiana, haber participado en celebraciones religiosas o conocer las enseñanzas de la Iglesia. Lo importante es llevarlas a la práctica, hacer que la fe se note en nuestras decisiones, en el trato a los demás, en la manera de enfrentar las dificultades y en la valentía para elegir lo bueno, aunque no sea lo más fácil. Les invito a que sean jóvenes de convicciones firmes, que no se dejen arrastrar por la presión de los demás ni sacrifiquen sus valores por conseguir aceptación.
En la memoria de Santa Teresa de Jesús, gran mujer de fe, oración y valentía, recordemos que una vida verdaderamente grande se construye desde la amistad con Dios y la fidelidad a aquello en lo que creemos. Ella nos enseña que la fe no nos aparta de la realidad, sino que nos da fuerza para transformarla. Cultiven su vida espiritual, no abandonen la oración, mantengan viva su relación con el Señor y permitan que Él ilumine las decisiones importantes de su futuro.
Queridos jóvenes, al concluir esta etapa en el colegio, los animo a elegir bien su proyecto de vida. Escuchen los consejos de sus padres y educadores, descubran sus talentos, prepárense con responsabilidad y no tengan miedo de soñar, pero procuren que sus sueños estén acompañados de valores y de un corazón dispuesto a servir. Habrá dificultades, equivocaciones y momentos de incertidumbre, pero no se desanimen. Aprendan de sus errores, levántense con esperanza y recuerden que nunca caminan solos: Dios está con ustedes.
Salgan de este Colegio con gratitud y con la frente en alto. Represéntenlo con orgullo, pero, sobre todo, con dignidad, mediante sus palabras, sus decisiones y sus acciones. Que quienes los encuentren puedan reconocer en ustedes jóvenes bien formados, respetuosos, solidarios, honestos y comprometidos con el bien común.
Que nunca olviden la institución que los acogió y acompañó durante estos años, ni a las personas que sembraron en ustedes conocimientos, valores y esperanza.
Que Santa Teresa de Jesús interceda por ustedes y que el Señor, que ha iniciado una obra buena en sus vidas, la lleve a plenitud. Que María Santísima los acompañe en cada nuevo camino y que, dondequiera que estén, sean siempre motivo de alegría para sus familias, para este Colegio y para la Iglesia. ¡Vayan adelante con fe, con esperanza y con el compromiso de hacer de sus vidas una historia hermosa de amor, de servicio y de bien!
Que así sea, amén.
