En este XXIX Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia celebra el Domingo Mundial de las Misiones, una jornada que este año adquiere un significado especial al conmemorar el centenario del Domund, bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión».
“Se nos recuerda una verdad fundamental de nuestra fe: la Iglesia existe para evangelizar y todos nosotros, por el Bautismo, hemos sido llamados y enviados a anunciar a Jesucristo y a dar testimonio de la Buena Noticia de la salvación”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera.
En la Eucaristía que presidió a las 8:00 a.m., el pastor diocesano fue enfático: “¡Todos somos misioneros! Allí donde vivimos, trabajamos, estudiamos, servimos y compartimos la vida, estamos llamados a ser testigos del amor de Dios”.
La Palabra de Dios -destacó- ayuda a comprender cómo debemos vivir esta misión en medio del mundo.
Desde la Primera Lectura, el Profeta Isaías proclama que el Señor es el único Dios, que no hay otro fuera de Él. “Ni el poder político, ni el dinero, ni el prestigio, ni ninguna realidad humana pueden ocupar el lugar que corresponde a Dios en nuestra vida”, comentó el Obispo de Ciudad Quesada.
“Esta es la primera exigencia de todo misionero: poner a Dios en el centro de nuestra existencia y vivir de tal manera que los demás puedan descubrir, a través de nosotros, su presencia y su amor. No podemos anunciar a un Dios en quien no creemos de verdad, ni hablar de su misericordia mientras vivimos indiferentes ante el sufrimiento de los hermanos”.
El Evangelio de San Mateo precisamente refleja la enseñanza de Jesús cuando dice: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
“Con estas palabras nos enseña que la fe no nos aparta de nuestras responsabilidades en la sociedad. Dar a Dios el primer lugar no significa desentendernos de la familia, del trabajo, de la vida ciudadana o de los problemas que afectan a nuestros pueblos”, reflexionó Monseñor Garita
“Nuestra relación con Dios debe impulsarnos a trabajar por una sociedad más justa, fraterna, solidaria y unida. No podemos decir que amamos a Dios y permanecer indiferentes ante la pobreza, la corrupción, la violencia, la exclusión o el sufrimiento de tantas personas”, agregó.
Para el Obispo de Ciudad Quesada la vocación misionera debe estar presente en la vida del creyente y coloca varias pistas para poner en práctica:
– Anunciar el Evangelio no consiste solamente en hablar de Jesús o invitar a otros a participar en la Iglesia. Significa hacer presente su amor mediante nuestras palabras, actitudes y obras.
– En un mundo marcado por las divisiones, los enfrentamientos, el individualismo y la indiferencia, estamos llamados a construir puentes, promover el diálogo, perdonar, servir y tratar a cada persona con dignidad.
– Nuestra misión comienza en casa, con el testimonio de los padres y las madres; continúa en nuestras comunidades, mediante la participación y el servicio; y se extiende a todos los ambientes donde podamos sembrar esperanza.
“El lema del Domund 2026, ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’, nos recuerda que no podemos evangelizar divididos ni encerrados en nuestros propios intereses. Somos una sola Iglesia, un solo pueblo de Dios, llamado a caminar en comunión y a colaborar en la misión que Cristo nos ha confiado. Cada bautizado tiene algo que aportar: unos mediante la catequesis, otros acompañando a las familias, visitando a los enfermos, sirviendo a los pobres, formando a los jóvenes o dando testimonio de su fe en el trabajo”, dijo Monseñor Garita.
El prelado también recordó que la Jornada Mundial de las Misiones debe hacer conciencia de que se puede aportar de manera concreta, por medio de la oración y por medio de la ayuda material.
“Se nos pide que seamos generosos con nuestra contribución económica en la colecta única de hoy por las misiones. No se trata simplemente de dar lo que nos sobra, sino de compartir con amor, sabiendo que nuestra ayuda puede sostener la misión y llevar esperanza a muchas personas”.
“No todos iremos a tierras lejanas, pero todos podemos hacer de nuestra vida una misión. No todos predicaremos desde un ambón, pero todos podemos anunciar a Cristo con nuestro testimonio. No todos tendremos grandes recursos, pero todos podemos orar, acompañar, compartir y servir. Preguntémonos, al celebrar esta Eucaristía: ¿Soy un cristiano misionero o me he conformado con vivir mi fe únicamente para mí? ¿Qué puedo hacer, desde mi familia y mi comunidad, para que el Evangelio llegue a más personas?”, finalizó.
Escuche la homilía completa:
