Monseñor Garita: abrazar con amor la cruz, fuente de salvación

“Pidamos la gracia de llevar con paciencia y grandeza de corazón las cruces de nuestra vida”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz se nos invita a recordar la redención y la salvación del género humano desde la cruz.

Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, presidió la Santa Misa, a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada. Expresó que la historia alrededor de esta fecha nos lleva a recordar a la emperatriz Santa Elena, madre de Constantino el Grande, quien encontró el 14 de setiembre del año 320 la verdadera cruz de Cristo.

“Después de haber estado en Constantinopla, el emperador Heraclio la restituyó a Jerusalén, parece que el 14 de setiembre del año 629”, agregó.

“La cruz es signo externo de nuestra profesión de fe y particularmente de nuestra identidad cristiana. La cruz también es signo de salvación y redención; encierra el misterio de amor más grande: el sacrificio, la entrega y donación total de Cristo”, comentó el prelado.

Monseñor describió distintos modos en que utilizamos la cruz: en nuestro pecho, en los altares, en el exterior y en la parte más alta de las Iglesias. “Es el instrumento para levantar a los caídos, la salud del alma y del cuerpo, la destrucción del pecado, y el árbol de la vida eterna. Pero también, la cruz se presenta en nuestra vida de muy diferentes maneras: enfermedad, pobreza, cansancio, dolor, desprecio, soledad…”.

La clave está en la disposición de frente a la cruz. “Pidamos la gracia de llevar con paciencia y grandeza de corazón las cruces de nuestra vida”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada. 

En el Evangelio de san Lucas, se lee que el Señor dijo: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que tome su cruz y sígame”.

“Los textos de la Palabra de Dios nos hablan claramente de este misterio de salvación y redención. La Primera Lectura del libro de los Números relata la experiencia de la plaga de serpientes que afectó al pueblo de Israel, luego de murmurar y protestar contra Moisés en el desierto. Pero, una vez más, el Señor tuvo paciencia y misericordia con el pueblo rebelde a través de la serpiente de bronce que hizo Moisés. Quienes la miraban, quedaban curados”, comentó Monseñor Garita en la homilía.

El Evangelio de San Juan nos dice: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.

“Inmediatamente Jesús explica la profundidad y grandeza de este misterio de salvación y redención que se realiza con Él mismo levantado y colgado en la cruz: ‘Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna’”, señaló el pastor diocesano.

“Esa entrega máxima fue en la cruz, entrega para que tengamos vida eterna, entrega y muerte de cruz para ser redimidos y no condenados ¡Qué misterio más grande de amor encierra y expresa la cruz, el nuevo árbol de la vida, el madero de la salvación!”, añadió.

Monseñor nos invita a tres acciones a partir de la Fiesta de hoy:

1.- Cada vez que miremos y adoremos la cruz: recordar y agradecer el precio de nuestra salvación.

2.- Ser fieles al amor de Dios: que nos amó hasta el extremo de entregar a su Hijo a la muerte de cruz.

3.- Llevar con paciencia y grandeza de corazón las cruces de nuestra vida, llámense como se llamen, no hay que quejarse, abracemos la cruz con amor.

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