En la Catedral de Ciudad Quesada, a las 10:00 a.m., Monseñor José Manuel Garita Herrera presidió la celebración del Corpus Christi.
Destacó que los textos bíblicos de este día nos hablan de un Dios providente que alimenta a su pueblo. Recordó que San Pablo, en su primera carta a los corintios, nos ofrece el texto más antiguo sobre la Eucaristía, con las mismas palabras del Señor en la última cena y que actualizamos en cada Misa que celebramos: “Tomad, comed: esto es mi cuerpo… Tomad y bebed: esta es mi sangre … Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva”.
“En el evangelio de San Lucas, vemos a Jesús que, compadecido de la multitud, multiplica cinco panes y dos peces para que comieran todos. Y dice el texto que hasta sobraron doce canastas”, reseñó el Obispo de Ciudad Quesada.
Estos textos confirman -mencionó- que la Eucaristía es el Sacramento de la presencia real de Cristo, el Pan bajado del cielo, alimento que edifica y sostiene a su Iglesia.
En su homilía, comentó que la Iglesia nos exhorta a no privarnos nunca de la Eucaristía dominical, pues mucho más que una obligación, “se trata de una verdadera necesidad para nuestra vida de fe”.
Por ello, añadió, si somos conscientes de la santidad y sacralidad de la Eucaristía, debemos manifestar actitudes de recogimiento y respeto: venir decorosamente vestidos a la Misa, silencio antes y después de la comunión, gestos de adoración ante el sagrario, reverencia suma al recibir el Pan de Vida.
El pastor diocesano indicó que Jesús, al multiplicar los panes, no sólo sació el hambre material de la multitud, sino que nos dejó un ejemplo y desafío de solidaridad: “Denles ustedes de comer”.
“Así, cada vez que participamos en el banquete eucarístico, somos llamados a llevar ese pan partido a los hermanos que sufren hambre, soledad y pobreza”.
“No olvidemos, por tanto, que la comunión sacramental exige comunión fraterna y efectiva: compartir el pan de cada día, visitar al enfermo, consolar al afligido, defender la dignidad de los pobres y oprimidos”, exhortó.
En su mensaje dominical, el obispo pidió hacerse las siguientes preguntas: ¿Preparamos bien nuestro corazón para la Eucaristía?, ¿acudimos al perdón sacramental cuando lo necesitamos antes de comulgar?, ¿reverenciamos al Señor en la Eucaristía con fe y adoración?, ¿nos abrimos a los demás, multiplicando el pan para los necesitados?
Posteriormente a la Santa Misa se daba paso a la procesión con el Santísimo Sacramento, la cual se hizo dentro del templo por motivo de lluvia.
No obstante, el Obispo de Ciudad Quesada resaltó que esta procesión no es una simple tradición o costumbre, “sino una manifestación pública de nuestra fe y adoración al Señor realmente presente en la Eucaristía”.
