Monseñor Garita: agradecer y reconocer a Dios en nuestra vida

“Hay ¡tanto que agradecer!... la vida, la fe, la salud, la familia, el trabajo, la creación, los amigos; el amor, la misericordia, el perdón y la fidelidad de Dios”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En el XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario llega el agradecimiento como tema fundamental.

“Debemos alabar y bendecir a Dios porque todo cuanto somos y tenemos viene de su misericordia, providencia y amor siempre fiel. Somos llamados a no olvidar las acciones del Señor, sus maravillas en nuestra vida”, comentó Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada.

En la Misa de las 8:00 a.m., celebrada en el Salón Parroquial de Ciudad Quesada, se mostró la presencia del fenómeno de la lepra (tanto en la Primera Lectura como en el Evangelio). Se presentó como una terrible enfermedad no sólo física, sino moral y religiosa, quien la tenía era pecador, estaba contaminado y era excluido de la sociedad.

Precisamente, a la luz del Evangelio de San Lucas, 10 leprosos piden compasión a Jesús. El Señor es sensible y misericordioso, cura con su palabra y salva. Solo les pide presentarse a los sacerdotes, lo cual no es ningún gesto extraordinario.

Sin embargo, solo un samaritano regresa, reconoce, se postra y agradece a Jesús.

“Los otros 9 siguieron adelante, consiguieron lo que querían sin agradecer. A veces nosotros también “conseguimos” lo que necesitamos, seguimos adelante y se nos olvida …”, explicó Monseñor en su homilía.

“El único leproso que reconoció y agradeció, no sólo fue curado, sino salvado, ‘tu fe te ha salvado’, le dice Jesús. Hermanos, la fe cambia todo, renueva, da sentido y salva”, añadió.

Por su lado, San Pablo, en la Segunda Lectura de la Segunda Carta a Timoteo, nos pide hacer memoria de Jesucristo, quien nos ha salvado por su muerte y resurrección. “Estamos llamados a vivir en Él y morir con Él. El Señor es siempre fiel, con una palabra eficaz”, comentó el prelado.

Nos deja el Obispo de Ciudad Quesada, algunas consideraciones prácticas para vivir hoy:

1.- Reconocer desde la fe que todo es expresión del amor, la misericordia y providencia de Dios. Tengamos mirada sobrenatural, no simplemente humana; hagamos un alto en el camino para contemplar el paso y la acción de Dios. No seamos olvidadizos, insensibles o mal agradecidos.

2.- Cultivar la gratitud consciente. Hay ¡tanto que agradecer!… la vida, la fe, la salud, la familia, el trabajo, la creación, los amigos; el amor, la misericordia, el perdón y la fidelidad de Dios. Tengamos una verdadera espiritualidad del agradecimiento y de la gratitud.

3.- Reconocer al Señor en lo cotidiano. 9 leprosos no regresaron; aquí se muestra la costumbre de no reconocer, no agradecer y de olvidarnos de Dios. Ojalá seamos capaces de reconocer las pequeñas “curaciones” diarias como la solución a un problema, una palabra consoladora recibida, una puerta que se abre, y responder con acciones concretas como la oración, el servicio, un reconocimiento público o gesto de agradecimiento hacia los demás.

4.- Actuar obedientemente, aunque no entendamos todo. Nahamán en la Primera Lectura obedeció el mandato de Eliseo (bañarse en el Jordán), aunque le parecía absurdo. Los leprosos obedecieron el ir al sacerdote. Nuestra fe también exige confianza activa, esto es cumplir los pasos que Dios nos indique (oración, perdón, reconciliación, obra de caridad), pese a que no veamos inmediatamente el fruto. Esa obediencia es expresión de una fe profunda.

“Hermanos, la Eucaristía es la máxima acción de gracias, en ella agradecemos y alabamos al Padre, por Cristo que se ofrece, y en el Espíritu Santo. Agradecemos todos los dones, maravillas, bendiciones, misericordias y fidelidades de Dios para con nosotros. Traigamos a la Eucaristía todo lo que necesitamos, pero, sobre todo, el reconocer, agradecer, alabar y bendecir con alma grande y generosa”, finalizó Monseñor Garita en su mensaje dominical.

ÚLTIMAS NOTICIAS