Monseñor Garita: caminar en la verdad

“Queremos una Iglesia que nos atienda, pero el Evangelio nos invita a ser Iglesia que sirve”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

“La Pascua sigue abriéndonos los ojos para contemplar el rostro vivo de Cristo Resucitado y para descubrir que su presencia no es un recuerdo del pasado, sino una fuerza que transforma hoy nuestra vida”,

De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera dio inicio a su homilía, en este V Domingo de Pascua, en la Catedral de Ciudad Quesada, en Misa de 8:00 a.m.

En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles se presenta una comunidad viva, pero también una comunidad donde hay tensiones, necesidades concretas y dificultades.

“Es así como se instituyen servidores o diáconos para atender a las viudas y cuidar la comunión. No se trata simplemente de resolver un problema práctico; estamos ante una enseñanza profunda: la Iglesia nace y existe para servir”, comentó.

“Qué hermoso descubrir que, en esa primera comunidad, la solución no vino del poder, sino del servicio. Allí aparece una Iglesia servidora, donde cada carisma tiene un lugar”, agregó.

En esta Eucaristía, el Obispo de Ciudad Quesada invitó a preguntarse: “¿Somos una comunidad que sirve? ¿Somos piedras vivas en la construcción del Reino o simples espectadores de la fe? Porque muchas veces queremos una Iglesia que nos atienda, pero el Evangelio nos invita a ser Iglesia que sirve”.

Al reflexionar la Segunda Lectura, de la Primera Carta de Pedro, aparece la imagen de Cristo como piedra angular. “Nosotros somos piedras vivas. No somos piedras muertas, inmóviles, frías; somos piedras vivas, llamadas a formar una casa espiritual. La fe no es algo privado, aislado o individual. Ser piedras vivas significa ser creyentes con una fe encarnada; significa sostener con nuestra oración, con nuestro testimonio, con nuestra perseverancia”, expresó.

Luego, en el Evangelio de San Juan nos dice que Jesús está en el Cenáculo. “Sus discípulos tienen el corazón turbado. Presienten la pasión, sienten miedo, experimentan incertidumbre. Cuántas veces nosotros nos parecemos a aquellos discípulos; tenemos preguntas, dudas, temores y búsquedas. También nosotros experimentamos momentos en los que no sabemos hacia dónde ir”, comentó el prelado.

Es en esos momentos cuando Jesús hace “una de las declaraciones más profundas de todo el Evangelio: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’”.

“En un mundo desorientado, donde tantas voces pretenden indicar rutas de felicidad que terminan vacías, Cristo sigue siendo el único camino. Él es camino porque nos conduce al Padre. Él es camino porque nos enseña a amar”, afirmó Monseñor Garita.

Sobre Jesús, que es la verdad, señaló: “En un tiempo en que tantas verdades parecen relativas, Jesús nos recuerda que la verdad no es una idea abstracta, sino una Persona. La verdad tiene rostro: Jesucristo. Es la verdad sobre Dios, que es Padre. Es la verdad sobre el ser humano, llamado a amar”.

Finalmente, “Cristo -explica el obispo- no solo da vida; Él es la vida. La vida que vence la muerte. La vida nueva de la Pascua. La vida que ninguna tumba puede encerrar. Qué fuerza tiene escuchar esto en tiempos marcados por el cansancio, la angustia o la incertidumbre”.

“Cuando contemplamos a Cristo entregado en la cruz, vemos hasta dónde llega el amor del Padre. No tenemos un Dios lejano. En Cristo, Dios se ha acercado”, añadió.

Asimismo, Jesús pronuncia una promesa asombrosa: “El que cree en mí hará las obras que yo hago, y aún mayores”.

“Hermanos, ¡Qué confianza pone el Señor en nosotros! No solo nos llama discípulos; nos hace continuadores de su obra. Cada gesto de caridad, cada palabra que consuela, cada testimonio de fe, cada vida entregada por amor, todo esto prolonga las acciones de Jesús. Por eso la fe nunca puede quedarse en palabras; debe hacerse obra”, finalizó Monseñor Garita.

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