Monseñor Garita: ¡Cultivar la alegría en medio de la desesperanza!

“En tiempos de desánimo y dificultad, practiquemos cada día un gesto concreto de esperanza (visitar a un enfermo, enviar un mensaje de consuelo, acompañar a quien sufre, rezar por alguien que lo necesita, sonreír). Estas son semillas que anuncian que Dios sigue transformando la realidad”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

El Domingo de “Gaudete” es gozo, alegría. “Nos gozamos y regocijamos por la alegría mesiánica que nos trae Cristo: ya viene, se acerca y está cada vez más próximo, es la alegría por la cercanía de la Navidad”.

De esta forma Monseñor José Manuel Garita Herrera inició su homilía en este Domingo 14 de diciembre, en la Catedral de Ciudad Quesada, en la Eucaristía de las 8:00 a.m.

En los domingos anteriores se nos ha invitado a despertarnos y convertirnos. “Hoy la invitación es a alegrarnos y gozarnos por la salvación, las maravillas y las acciones de Dios”, detalló.

La Primera Lectura del profeta Isaías muestra una escena pletórica de gozo y alegría. “Dios hará una transformación en su pueblo. Atención a los verbos que se presentan en la lectura: regocijarse, alegrarse, florecer, cantar, salvar. Y atención a los sustantivos: gozo, alegría, gloria, belleza, cánticos. La transformación es total porque los débiles se harán fuertes, se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará. Esta es la alegría de la salvación y de todo lo nuevo que Dios hace”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.

A la luz del Evangelio de San Mateo, se nos dice que Juan el Bautista manda a preguntar si Jesús era el Mesías o no. La respuesta de Jesús es una invitación a ver las maravillas de sus propias obras, en las que los ciegos ven, los cojos andan, etc.

“Precisamente es el cumplimiento de lo que anunciaba antes Isaías. Jesús trae la alegría, la salvación, el gozo, la esperanza, estos son los verdaderos dones y regalos. Estamos invitados a aprender a ver las maravillas de Dios, a mirar cómo actúa y se manifiesta el Señor y eso fue lo que hizo el Bautista, por eso es el más grande nacido de mujer, aunque el más pequeño es en realidad el más grande”, dijo Monseñor en su discurso homilético.

Asimismo, la Segunda Lectura de la Carta del Apóstol de Santiago hace un llamado a que mientras el Señor viene y realiza su obra, debemos ser pacientes como el labrador que espera el fruto de la tierra.

“Debemos ser pacientes, aunque veamos signos negativos y desalentadores en la realidad de entorno actual”, recalcó el prelado.

Hay varios llamados que Monseñor puntualiza en este III Domingo de Adviento:

1.- Cultivar la alegría y la esperanza en medio de las dificultades. En tiempos de desánimo y dificultad, practiquemos cada día un gesto concreto de esperanza (visitar a un enfermo, enviar un mensaje de consuelo, acompañar a quien sufre, rezar por alguien que lo necesita, sonreír). Estas son semillas que anuncian que Dios sigue transformando la realidad.

2.- Ser signos de la misericordia que devuelve la alegría. El Adviento es un tiempo para encarnar la misericordia, perdonar, pedir perdón, reconciliar relaciones tensas y realizar obras concretas de caridad. La alegría crece cuando devolvemos dignidad a los demás.

3.- Descubrir la presencia de Dios en lo pequeño y cotidiano. Tomemos cada día uno o dos minutos para identificar “signos de Dios” en medio nuestro (un gesto amable, un detalle de la naturaleza, un acto desinteresado). Agradezcamos esos signos y comuniquémoslos a los demás. La gratitud alimenta la alegría interior.

“Seamos testigos de las maravillas y cosas nuevas que Dios hace en medio nuestro, más allá de los signos de mal, muerte e injusticia que hay en nuestro mundo. El amor y el poder de Dios son más fuertes que cualquier cosa”, finalizó.

ÚLTIMAS NOTICIAS