“Es fundamental pedirle al Espíritu Santo que nos conceda el don de la oración, la fe, la confianza, la insistencia, la perseverancia y no caer en la tentación del desánimo”.
De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera exhortó a una consecuencia práctica al meditar las lecturas de este Domingo XVII del Tiempo Ordinario.
La oración, como tema fundamental, nos invita a esa insistencia, perseverancia, confianza e intercesión. “Ha de ser un hábito y actitud fundamental en el cristiano”, señaló el Obispo de Ciudad Quesada.
Describió que la oración es diálogo confiado, abierto, constante con Dios, “es oxígeno del alma y del espíritu”, dijo en la Catedral de Ciudad Quesada, en la celebración de 8:00 a.m.
Ya en la Primera Lectura del Genésis aparece la intercesión por los justos de las ciudades pecadoras. “Abraham con gran confianza y respeto insiste y hasta regatea para obtener el perdón y la misericordia de Dios”.
Igualmente, el Salmo 137 nos anima y estimula. “Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor… nos habla de que el Señor escucha, acoge, responde”, señaló Monseñor.
Al meditar el Evangelio de San Lucas, Jesús es presentado desde su experiencia profunda de oración e impactó a aquel discípulo que le dice con confianza “Señor, enséñanos a orar”. Jesús ofrece el Padrenuestro como modelo de toda oración. “Es un Dios atento, interesado y preocupado por nosotros”, dijo el pastor diocesano de Ciudad Quesada.
Asimismo, al analizar en la Liturgia de hoy las comparaciones del amigo que necesita pan; del hijo que pide pez… se nos enseña que al que busca y llama se le dará… encontrará…. “Aquí las características de la oración: confianza, insistencia, intercesión”, recordó Monseñor Garita.
También exhortó a que no caigamos en el egoísmo espiritual de solo pedir para nosotros cuando oramos, debemos pedir por los nuestros y por los demás.
Finalmente, a partir de la Segunda Lectura de los Colosenses, la reflexión del obispo hace un llamado a morir al pecado y a tener una vida nueva en Cristo, porque hemos sido perdonados por él. “Notemos cómo la oración está llamada a cambiar, transformar y renovar nuestra vida”.
Monseñor pidió preguntarse: ¿oramos habitualmente?, ¿cómo lo hacemos?, ¿con perseverancia, insistencia, confianza e intercediendo por otros?, ¿pedimos que venga y nos ayude el Espíritu Santo? “El discípulo de Jesús debe ser un orante por excelencia”, puntualizó.
A su vez, en el marco de la Novena de Nuestra Señora de los Ángeles que se celebra en Catedral, destacó que ella es modelo de oración confiada, contemplativa, silenciosa, constante. “María guardaba las cosas de Dios en su corazón, ella vivía sumergida en Dios, escuchaba la Palabra, intercedía como en Caná (‘hagan lo que Él les diga’), desde 1635 intercede por Costa Rica, nos invita a vivir en la fe, a vivir según Dios y su voluntad”, indicó Monseñor en su homilía.
