Monseñor Garita: “En la familia se transmite la fe, se aprende el lenguaje del amor”

“A la luz de la Sagrada Familia, la Iglesia reafirma hoy la importancia central de la familia. El núcleo familiar es el pilar insustituible de la vida eclesial y social”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En la Catedral de Ciudad Quesada, a las 10:00 a.m., Monseñor José Manuel Garita Herrera presidió la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, en el tiempo de la Navidad y en el marco de la clausura del Año Santo Jubilar de la Esperanza.

A la luz de la Palabra de Dios, el libro del Eclesiástico “nos recuerda que la familia es el primer espacio donde se aprende el respeto, la gratitud y la bendición”, dijo el prelado. “El que honra a su padre expía sus pecados… el que respeta a su madre es como quien atesora”, expresa el texto litúrgico.

Monseñor destacó del Salmo 127 “la bienaventuranza del que teme al Señor y camina en sus sendas: su esposa como vid fecunda, sus hijos como brotes de olivo alrededor de la mesa. Es una imagen de hogar lleno de vida, de trabajo digno y de paz compartida”.

Extrayendo la enseñanza de la Segunda Lectura de la Carta de San Pablo a los Colosenses, mencionó “que la familia, como primera Iglesia doméstica, está llamada a ser el lugar donde se aprende a perdonar, a escuchar, a corregir sin humillar, a obedecer sin miedo, a ejercer la autoridad como servicio”.

También, desde el Evangelio según San Mateo, señala que “la Sagrada Familia hizo experiencia real de la amenaza, el desarraigo y la incertidumbre por el futuro”. Por eso, “la esperanza no consiste en que todo salga según nuestros planes, sino en saber que Dios camina con nosotros incluso en los momentos más oscuros”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.

“A la luz de la Sagrada Familia, la Iglesia reafirma hoy la importancia central de la familia. El núcleo familiar es el pilar insustituible de la vida eclesial y social. En la familia se transmite la fe, se aprende el lenguaje del amor, se forja la conciencia y se cultiva la solidaridad”, comentó en su mensaje dominical.

Como parte de su predicación, Monseñor Garita señala tres restos o desafíos, para que el Año Jubilar dé fruto en nosotros.

“El primero es custodiar lo sembrado, en el sentido de no permitir que la esperanza se diluya en la rutina o en el cansancio. El segundo reto es traducir la esperanza en gestos concretos, especialmente hacia las familias más frágiles: matrimonios en crisis, hogares marcados por la violencia o la pobreza, ancianos solos, niños sin referentes, migrantes que buscan un lugar dónde vivir en paz. Un tercer desafío sería trabajar para que nuestras comunidades cristianas sean verdaderas familias, donde nadie se sienta extraño y donde el amor de Cristo sea visible y testimoniado”, enfatizó.

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