Este domingo 11 de enero, en el Santuario San Pio de Pietrelcina, San Giovanni Rotondo, Monseñor José Manuel Garita Herrera presidió la Eucaristía, en el día 10 de la Peregrinación Jubilar Diocesana Conclusiva.
En la celebración de la Fiesta del Bautismo del Señor se marca el término del Tiempo de Navidad y se abre el Tiempo Ordinario.
A la luz de la Primera Lectura del profeta Isaías, se presenta al Siervo del Señor, elegido y amado por Dios, sobre quien reposa su Espíritu. “Es un siervo manso, cercano, compasivo, que trae el derecho y la justicia con fidelidad. Esta imagen se ilumina plenamente en Jesús, quien al entrar en las aguas del Jordán se solidariza con un pueblo que busca conversión, sanación y esperanza”, señaló el Obispo de Ciudad Quesada.
Es acá que se nos llama a la acción como cristianos, al ser bautizados. “El bautismo no es una ‘vacuna espiritual’ que nos protege automáticamente de todo mal; es una semilla que debe crecer y dar fruto”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.
Precisamente, tomando la Segunda Lectura de los Hechos de los Apóstoles, el pastor diocesano dice que “Jesús no se queda en el Jordán contemplando la experiencia espiritual, sino que sale a los caminos de Galilea para servir, sanar, levantar, perdonar y anunciar”. Y, precisamente a eso estamos llamados.
En el Evangelio de Mateo se presenta un diálogo muy humano: Juan se resiste a bautizar a Jesús, porque intuye que es Él quien debería bautizarlo. Pero Jesús responde: “Conviene que cumplamos toda justicia”.
“Con esto nos enseña que la justicia de Dios no es la de los cálculos humanos, sino la del amor que se abaja, que se hace cercano, que se mezcla con nuestra historia. Jesús no busca privilegios, sino cumplir la voluntad de Dios”, destacó en la homilía el Obispo de Ciudad Quesada.
“Esta fiesta nos habla también a nosotros peregrinos. No es solo el bautismo de Jesús, es el recuerdo vivo de nuestro propio bautismo. A veces lo reducimos a un acontecimiento social o a una celebración familiar. Pero el bautismo es mucho más: es el fundamento de toda la vida cristiana. En él somos hechos hijos de Dios, incorporados a Cristo, templos del Espíritu Santo y miembros vivos de la Iglesia. En el bautismo no solo se nos quita el pecado, se nos regala una identidad nueva”, indicó.
En medio de un mundo marcado por la incertidumbre, la violencia, el individualismo y la indiferencia religiosa “ser bautizados es un verdadero desafío. No basta con llevar el nombre de cristianos; estamos llamados a vivir y actuar como tales. El bautismo nos compromete (…) la fe no se trata solo de palabras, sino de vida testimonial con hechos. Como Jesús, estamos llamados a ‘pasar haciendo el bien’. Nuestro mundo necesita cristianos que acompañen, que integren, que salgan al encuentro del que sufre. El bautismo nos hace responsables del otro”, finalizó Monseñor Garita.
