Monseñor Garita: hacer el bien viviendo más el amor de Dios

“Estamos llamados a ser fieles al mandamiento supremo del amor, siendo prójimos compasivos y misericordiosos, buenos samaritanos”, expresó el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

La centralidad del mensaje de este Domingo XV del Tiempo Ordinario está en el mandamiento del amor, el cual nos invita a ver a Dios en el hermano, en el prójimo, sobre todo en el que está necesitado, herido y sufriente.

“Los mandamientos son expresión de la alianza y manifestación de la voluntad de Dios. Requieren compromiso de nuestra parte”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera, en el último día de la VII Peregrinación de la Diócesis de Ciudad Quesada a México.

En la Misa celebrada a las 6:00 a.m., en el Hotel City Express, Monseñor destacó en la Primera Lectura del Libro del Deuteronomio, el llamado de Moisés al pueblo a cumplir los mandamientos, pues no es imposible ni son lejanos.

“Escucha la voz del Señor que te manda a guardar sus mandamientos… no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance. Al contrario, están muy cerca de tu alcance para que puedas cumplirlos”, comentó.

En el Evangelio de San Lucas surge una pregunta clave que le realizan al Señor: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”.

“Se nos recuerda el mandamiento fundamental ‘Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo’. Y se insiste sobre quién es nuestro prójimo”.

Monseñor recordó que Jesús no responde directamente sino que lo hace por medio de la parábola del Buen Samaritano y pregunta, ¿quién realmente actúa como prójimo?, siendo la respuesta aquel que tuvo compasión, el que hizo el bien y no el que pasó de largo, no el que siguió adelante insensiblemente del personaje necesitado en el texto del Evangelio.

“Tener compasión es ponerse al lado del que sufre, en la situación de quien necesita, sentir con el que está necesitado. No se trata solo de dar, sino de darse, como el samaritano que vendó las heridas, llevó, cuidó y pagó por el que necesitaba”, reflexionó el Obispo de Ciudad Quesada.

Precisamente, guiados por este mensaje, se nos presenta el modelo ideal: Cristo, quien pasó haciendo el bien, curando, sanando, que es compasivo y misericordioso.

“Estamos llamados a ser fieles al mandamiento supremo del amor, siendo prójimos compasivos y misericordiosos, buenos samaritanos”, comentó Monseñor.

Asimismo, a la luz de la Segunda Lectura de San Pablo a los Colosenses, se nos presenta la imagen de Dios invisible, que es fundamento de todas las cosas del cielo y de la tierra, cabeza del cuerpo que es la Iglesia.

“Jesús nos ha reconciliado derramando su sangre en la cruz, y ha hecho todo este acto de entrega para hacer visible y cercano el amor de Dios, su ternura y compasión”, dijo el prelado.

Al cerrar la peregrinación diocesana a México, Monseñor recordó que estamos invitados a vivir más el amor a Dios y a los hermanos, a ser más sensibles y solidarios, a estar más comprometidos en la caridad y a imitar la maternidad y solicitud de María.

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