Continúa en la Liturgia del Domingo VIII del Tiempo Ordinario el desarrollo del sermón de las bienaventuranzas. Se trata de reflexionar “cómo ser, cómo actuar y cómo comportarse” siendo discípulos de Jesús.
Así señala Monseñor José Manuel Garita Herrera, en su mensaje dominical, que “el discípulo actúa con autenticidad, buen testimonio y dando buenos frutos”.
La Primera Lectura del Eclesiástico da pistas. “En una persona se ve lo que es y cómo actúa cuando habla, cómo piensa y sobre todo en los frutos que produce. El discípulo y creyente siempre actúa bien, produciendo buenos frutos y buenas obras”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.
En su homilía, indicó que el Evangelio de San Lucas tiene una serie de dichos o refranes que revelan el tema de este domingo. “En un discípulo, se trata de actuar consecuentemente, no con doblez o hipocresía. Un ciego no puede guiar a otro ciego; no podemos ver la pequeña basura del ojo del hermano cuando nosotros tenemos una viga en el nuestro”, agregó.
En la Eucaristía de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, habló de que un árbol bueno siempre da frutos buenos, nunca uno malo puede tener buenos frutos.
“La boca habla y expresa lo que tiene el corazón (bueno o malo). Hay que ir a la raíz, al fondo del corazón, a los frutos, así se verá quiénes somos de verdad y cómo estamos actuando”, dijo Monseñor Garita.
Invitó a preguntarse, ¿de cuáles frutos podríamos estar hablando? Ojalá que sean solidaridad, caridad, misericordia, perdón, buen testimonio, verdad, autenticidad, coherencia, responsabilidad, honestidad. “Valores, valores y valores”, reiteró.
A las puertas de la Cuaresma que iniciaremos el próximo miércoles, señaló que es un tiempo propicio para revisarnos quiénes somos, cómo vivimos y cómo actuamos.
“Hay que ser católicos de verdad”, destacó. En esa línea dijo que la Segunda Lectura de la I Carta a los Corintios, invita a ser firmes y constantes, para trabajar con fervor en la obra de Cristo.
“Para nosotros que somos cristianos y discípulos no se trata simplemente de llamarnos como tales y llevar ese nombre; nunca decir que no somos practicantes, hay que serlo de verdad, hay que dar un testimonio visible y creíble; se trata de ser sal de la tierra y luz del mundo”, mencionó.
“Estamos llamados a manifestar la bondad del corazón, producir buenos frutos y dar buenos frutos. Recordemos la misma palabra de Jesús: ‘Por sus frutos los conocerán’ (Mateo 7,16). Que Él nos ayude y que así sea”, finalizó.
