XI Día Joven con Jesús, XX Domingo Tiempo Ordinario, 16 de agosto de 2026.
Parroquia San Isidro Labrador, Peñas Blancas, 9:00 a.m.
Muy queridos jóvenes:
Hoy no es un domingo cualquiera. Celebramos el XI Día Joven con Jesús, una jornada para recordar que la Iglesia cree en ustedes, confía en ustedes y necesita de ustedes. Jesús no los mira como el futuro de la Iglesia; los ve ya como su presente. Él los llama por su nombre y les dice, como a la mujer cananea del evangelio: “No te rindas, sigue creyendo, sigue confiando”. Las lecturas de este domingo tienen un mensaje muy claro: Dios tiene un lugar para todos, nadie queda excluido de su amor. No importa de dónde vengas, cuál sea tu historia, tus heridas, tus caídas o tus dudas. Para Dios, todos tienen un espacio en su corazón y todos están llamados a descubrir que solo en Él encuentra sentido la vida.
En el evangelio de San Mateo nos presenta a una mujer que parecía tenerlo todo en contra. Era extranjera, no pertenecía al pueblo de Israel y, sin embargo, no dejó que eso la detuviera. Se acercó a Jesús, insistió, perseveró y no perdió la esperanza. Mientras muchos la querían hacer callar, ella siguió hablando con Jesús. Mientras otros la rechazaban, ella siguió creyendo. Al final, Jesús quedó admirado y le dijo: “¡Qué grande es tu fe!”. Qué bonito sería que también ustedes escucharan un día esas mismas palabras del Señor.
Vivimos en una sociedad que constantemente les dice cómo tienen que vestir, cómo tienen que hablar, qué deben pensar, qué deben publicar y hasta cómo tienen que verse para ser aceptados. Parece que todos quieren fabricar jóvenes iguales, siguiendo las mismas modas, las mismas tendencias y redes sociales. Pero Jesús no vino a fabricar copias; vino a formar personas únicas. Él no quiere jóvenes que simplemente sigan la corriente. Quiere discípulos capaces de ir contracorriente cuando sea necesario.
Por eso quiero recordar a un joven muy cercano a ustedes: San Carlo Acutis. Él entendió que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir de manera extraordinaria las cosas ordinarias. Carlo decía una frase que hoy debería convertirse en el lema de cada uno de ustedes: “Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias”. ¡Qué cierto es esto! Cuidado, porque el mundo quiere convertirnos en fotocopias, pero Jesús quiere que seamos originales y auténticos.
Ser original no significa llamar la atención ni hacer cosas extrañas. Ser original significa tener el valor de ser quien Dios soñó que fueras. Significa no vender los propios valores por conseguir unos cuantos “me gusta”; no cambiar la verdad por quedar bien con un grupo; no renunciar a la fe por miedo a las burlas; no esconder que amas a Jesús porque otros piensan diferente. La autenticidad nace cuando dejamos que Dios escriba la historia propia de nuestra vida.
Y aquí aparece otra palabra muy necesaria para ustedes: la paz. Vivimos tiempos donde abundan la agresividad, el odio, la violencia verbal en las redes sociales, el bullying, las divisiones, la intolerancia y hasta la incapacidad de dialogar. Parece que es más fácil insultar que escuchar. Sin embargo, Jesús nos dejó una bienaventuranza que sigue siendo profundamente actual: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5,9). No dijo bienaventurados los que hablan de paz, sino los que trabajan por ella.
Ser pacífico no significa ser débil, sino tener la fortaleza para romper la cadena del odio. Significa responder con respeto donde otros responden con violencia; tender la mano donde otros levantan muros; pedir perdón cuando hace falta y saber perdonar, aunque cueste. Muchachos, Costa Rica, nuestras familias, nuestra diócesis y nuestras instituciones necesitan jóvenes que sean sembradores de paz. Sean esos muchachos que unen en lugar de dividir, que construyen puentes en vez de levantar barreras, que contagian esperanza en lugar de propagar pesimismo.
Y si buscan un modelo de autenticidad, miren a María. Ella nunca intentó parecerse a nadie, porque sabía que Dios la había elegido para una misión única. Cuando el ángel le anunció el plan de Dios, pudo haber dicho que no. Sin embargo, respondió con una disponibilidad total: “Hágase en mí según tu palabra”. Esa respuesta cambió la historia de la humanidad. María fue plenamente libre porque fue totalmente de Dios. Fue auténtica porque no vivió para agradar al mundo, sino para cumplir la voluntad del Padre.
Queridos jóvenes, quisiera dejarles hoy unas tareas muy concretas. Primera: dediquen cada día unos minutos para hablar con Jesús; una amistad solo crece cuando hay tiempo para encontrarse. Segunda: no permitan que el celular ocupe el lugar que solo Dios debe ocupar en el corazón; utilicen la tecnología para evangelizar, como lo hizo San Carlo Acutis. Tercera: atrévanse a ser diferentes cuando se trate de hacer el bien; no tengan miedo de defender la verdad, la vida, la honestidad y la pureza del corazón. Cuarta: conviértanse en constructores de paz en su familia, el colegio, la universidad, el trabajo y también en las redes sociales. Y quinta: no caminen solos; busquen una comunidad y los grupos juveniles donde puedan crecer en la fe, servir y descubrir la misión que Dios tiene para ustedes.
En la Eucaristía Jesús nos reúne a todos sin hacer diferencias. Aquí descubrimos que cada uno vale infinitamente porque Cristo entregó su vida por todos. Al comulgar, pídanle al Señor que les regale un corazón grande, una fe perseverante como la de la mujer cananea, la autenticidad de San Carlo Acutis, la paz que brota del Evangelio y la disponibilidad de la Virgen María.
Jóvenes, no tengan miedo de soñar en grande. El mundo necesita santos con tenis, con mochila, con celular, con proyectos y con alegría. Necesita jóvenes auténticos, originales, profundamente enamorados de Jesús. No sean una copia más. Sean la mejor versión de ustedes mismos, esa que Dios pensó desde toda la eternidad. Y recuerden siempre: cuando un joven se encuentra de verdad con Jesús, no solo cambia su vida; también comienza a cambiar el mundo. Así sea, amén.
