Luego de que hace una semana la liturgia presentara el Evangelio de las bienaventuranzas, el cual es el centro de la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios, corresponde aplicar esta enseñanza.
Así dio inicio el mensaje dominical de Monseñor José Manuel Garita Herrera, quien predicó en la Misa de este sábado 22 de febrero, en la Parroquia de San José de Aguas Zarcas, presidida por el Nuncio Apostólico del Papa Francisco, S.E.R. Mons. Mark Gerard Miles, a las 6:00 p.m.
“El mensaje es muy claro, debemos dar testimonio de compasión, indulgencia, misericordia, magnanimidad (es decir con un alma grande). Corresponde vivir amando; nunca con violencia, venganza o rencor”, señaló.
Recordó palabras de San Bernardo (sermón 83): “Creados por amor, hechos para amar. Amo porque amo, amo para amar”. Ahí está el centro de la vivencia cristiana.
La Primera Lectura del Primer Libro de Samuel da testimonio de magnanimidad, respeto y compasión de David. “Saúl lo perseguía para matarlo, David tuvo la oportunidad para vengarse. Pero reconoce que es el Ungido del Señor, y entonces nunca debe atentar contra él, le perdona la vida”, resumió Monseñor Garita.
“Jesús lleva al extremo las exigencias del amor cristiano. Muy lejos del mundo que nos dice actuar con violencia, venganza, desquite, etc… Las exigencias para el discípulo de Jesús son amar a los enemigos, hacer el bien a los que hacen el mal, bendecir a los que maldicen… si se actúa así habrá un gran premio en el cielo. Hay una regla de oro, tratar a los demás como queremos que nos traten”, señaló sobre el Evangelio.
En la homilía, el Obispo de Ciudad Quesada detalló que el discípulo de Jesús ama, hace el bien, perdona, es compasivo, actúa con alma grande.
“En medio de la violencia y la intolerancia que vivimos, donde nadie aguanta nada, se reacciona con impulso y venganza; no se respeta la dignidad de la persona. Costa Rica se ha vuelto un país violento. Todo esto nos llama y reta a actuar en cristiano; nosotros en primer lugar debemos actuar con paciencia, comprensión, amor, perdón, grandeza de alma y corazón”, comentó.
“La Eucaristía es la escuela del amor; en ella recibimos el alimento para amar que es el mismo Cristo en su cuerpo y en su sangre. Pidamos en esta celebración un corazón nuevo que sea reflejo y expresión de los mismos sentimientos de Jesús: amor, misericordia, perdón y compasión”, finalizó.
