En la Misa de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, el tema que se reflexionó es muy claro, directo y puntual, según Monseñor José Manuel Garita Herrera.
Se trata de “la virtud de la humildad como actitud propia para presentarnos ante Dios y ante los demás”.
“La humildad nos abre y nos hace gratos a Dios. El orgullo, la prepotencia y la autosuficiencia nos apartan y aíslan, no somos entonces agradables a Dios. La humildad es terreno fértil para la acción del Señor en nuestra vida”, dijo en su homilía.
La Primera Lectura del Eclesiástico dice “procede con humildad y te amarán”, “hazte pequeño y hallarás gracia ante el Señor”.
“Cuando nos bajamos, estamos en capacidad de abrirnos a Dios y a los demás. Esto hay que aprenderlo, debemos saber poner abajo”, dijo el prelado.
Sin embargo, la sociedad tiene otros valores. Ser humilde es ser débil y no exitoso. Ser orgulloso es ser fuerte y versátil.
“Hermanos, la escala de la fe es otra, ‘humus, humilis’ es tierra, humilde, el que está al ras de la tierra”, señaló el Obispo de Ciudad Quesada, explicando la raíz de la palabra humildad.
Precisamente esa es la enseñanza en el Evangelio de San Lucas, cuando se nos llama a no buscar los primeros puestos ni a figurar.
“El que se engrandece será humillado y el que se humilla será engrandecido. La ambición, el orgullo y la autosuficiencia estorban en el camino a la vida eterna. La sencillez y humildad nos abren el paso para entrar en el Reino de Dios”, dijo en su mensaje dominical.
Por otro lado, el Señor enseña también en el Evangelio que, cuando hagamos o demos algo bueno, no es para que nos reconozcan o paguen, sino para hacer el bien con los que no pueden pagarnos ni recompensarnos, especialmente con los pobres y necesitados.
“Qué importante, hermanos, la humildad nos lleva a tener misericordia y a actuar con ella”, señaló Monseñor Garita.
La Segunda Lectura de la Carta a los Hebreos, nos deja también la interrogante: ¿cómo hacemos para actuar con humildad, para ser humildes? Solo acercándonos al Dios vivo, a Jesús el mediador de la nueva alianza, “solo experimentando un encuentro personal con Él podremos tener sus mismos sentimientos. Él se rebajó y se humilló, luego Dios lo exaltó (Filipenses 2,7-9)”, amplió el pastor diocesano en su homilía.
Para nosotros hoy, la enseñanza es clara: “el cristiano no busca reconocimiento, primeros puestos, alabanza ni privilegios. Su vocación debe ser de servicio y una capacidad de dar la vida”, dijo Monseñor Garita.
En esa perspectiva sabremos encontrar nuestro sitio, nuestro puesto, nuestro rol y función en la familia, el trabajo, en la relación con los demás, en la Iglesia. “Que nunca tengamos la tentación de estar por encima de los demás”, agregó.
Para el Obispo de Ciudad Quesada la humildad “no es timidez, poquedad, mediocridad, pusilanimidad, aparentar sencillez; todo eso es falsa humildad. Humildad es reconocer errores, pedir perdón, saber rectificar, ser dóciles y obedientes, dar razón a otros cuando la tienen, servir, no aparentar, etc”.
