Monseñor Garita: La misión de la Iglesia incomoda

En el III Domingo de Pascua, el Obispo de Ciudad Quesada afirmó que “necesitamos convicción, valentía y gracia para ser sus testigos”.

Reconocer y dar testimonio: son las dos actitudes concretas que Monseñor José Manuel Garita Herrera exhortó a tener ante el acontecimiento de la Resurrección.

A la luz del Evangelio de San Juan, recuerda que los discípulos vuelven a Galilea, a pescar, pero no recogen nada, y es cuando se presenta Jesús, les pide echar las redes a otro lado y entonces cambia todo para ellos y para la historia de la humanidad.

“Con la palabra y la acción, Juan reconoce inmediatamente: ‘¡es el Señor!’. Es la intuición del conocimiento personal y del amor. Pedro se echa al agua presa del estupor”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada, en la Misa de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

Tal es la realidad y la cercanía de Jesús, dice el prelado, que les prepara de comer. “Los discípulos lo reconocen en el gesto de darles de comer, Jesús se acerca a la realidad de ellos, su presencia da fruto y hace producir en la pesca”.

A propósito de esta Palabra, viene una llamada para nosotros, a reconocer a Jesús, en los distintos momentos y realidades de nuestra vida.

Asimismo, se da el triple examen y confesión de Pedro, después de la triste experiencia de la negación. Ahora Pedro lo reconoce y confiesa: “tú lo conoces todo, tú sabes que te amo”. Ahora Pedro está preparado para seguir a Jesús incluso hasta la muerte.

Para Monseñor Garita, la Primera Lectura de Hechos de los Apóstoles nos invita a dar testimonio, a seguir la misión del Resucitado.

“Pedro muestra claridad, convicción, valentía. Pide obedecer a Dios antes que a los hombres. Los discípulos son y han sido testigos, han visto y vivido, ya no es hora de callar, ya no es hora de acomodarse”.

“Nosotros hoy no podemos ser cristianos ni discípulos de nombre, no debemos tener miedo, no debemos escondernos ni tener pena ni vergüenza. Hoy no pocos quieren hacer callar el Evangelio y también la misión de la Iglesia que molesta, incomoda, crea problemas y pone en juego intereses”, reflexionó el pastor diocesano.

“Si lo reconocemos, si somos testigos del Resucitado en nuestras vidas, entonces debemos dar, alabanza, honor, gloria al Cordero inmolado. Necesitamos fe, una mirada nueva, un conocimiento personal para reconocer la presencia y la acción del Señor en nuestra vida e historia. Necesitamos convicción, valentía y gracia para ser sus testigos”, finalizó.

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