El Obispo de Ciudad Quesada presidió en el Santuario Jesús de la Divina Misericordia, en Guadalajara, la Santa Eucaristía a las 8:00 a.m., junto al grupo de peregrinos que viven la VII Peregrinación diocesana a México.
“La Iglesia es esencialmente misionera, enviada a anunciar la Buena Noticia y a dar testimonio vivo de la fe. Jesús insiste en la necesidad del anuncio y el testimonio”, expresó Monseñor José Manuel Garita Herrera en su homilía.
Haciendo alusión a la Primera Lectura del profeta Isaías, destaca que después del destierro, lanza un anuncio gozoso para Jerusalén: “Alégrense, gócense con ella, llénense de sus consuelos, el Señor hará correr la paz como un río; los consolaré como una madre sus hijos”. El profeta anuncia y da testimonio de las obras de Dios para infundir esperanza y confianza.
A la luz del Santo Evangelio de San Lucas, se manifiesta que Jesús insiste en la misión, anuncio y evangelización. “Primero envía a los 12; ahora a los 72 discípulos, lo cual significa que envía a toda la Iglesia. La misión es de todos desde y por el bautismo”, reflexionó el Obispo de Ciudad Quesada.
Para cumplir la misión, Monseñor Garita revela tres compromisos o condiciones:
1.- Orar: rueguen, pidan obreros para trabajar en la viña del Señor.
2.- Anunciar con serenidad y valor en medio de las dificultades (como corderos en medio de lobos). Debe haber actitud de paz, no de violencia ni de muerte.
3.- Pobreza: no deben llevar nada, no hay apoyos materiales; la confianza está puesta en Dios, no en medios humanos.
“Dice el texto que los discípulos volvieron llenos de alegría. Esa es la paga y recompensa de la misión. Anunciar a Cristo y dar testimonio de Él dan sentido y gratifican”, comentó.
En su mensaje dominical, de este domingo 6 de julio, el obispo invita a realizar un examen de conciencia: ¿Somos la Iglesia de los 72?, ¿anunciamos o callamos? ¿damos testimonio o somos pasivos?, ¿sentimos pasión por el Evangelio o nos da lo mismo?
“El ideal del bautizado, el ideal del católico es ser discípulo misionero, alguien que escucha, acoge la Palabra, aprende de Jesús, lo asimila, se siente enviado. Hay un deseo irresistible de anunciar, comunicar, compartir y dar a Jesús con su propio testimonio”, señaló.
De la Iglesia, argumentó: “Es la comunidad evangelizada y evangelizadora que va, sale al encuentro, no se queda esperando, busca alejados e indiferentes, cura dolores y sufrimientos, lleva y comunica la salvación. Siente urgencia de la misión y pasión por evangelizar”.
“Que la Eucaristía sea fuerza e impulso para la misión; alimento para cumplir con el encargo de Jesús. Recordemos y actuemos como San Pablo: ‘Ay de mí si no anuncio el Evangelio’”, finalizó.
