“Con la celebración de este Domingo de Ramos comenzamos la Semana Santa, la semana más grande e importante del año para nuestra fe”.
Así lo expresó Monseñor José Manuel Garita Herrera en la homilía de este Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
“Iniciamos con ramos en las manos y con el corazón dispuesto a aclamar a Cristo como Rey, recordando su entrada en Jerusalén. Pero esta misma celebración nos conduce inmediatamente al relato de la Pasión, este año según el Evangelio de San Mateo. La Iglesia nos hace pasar, en pocos minutos, del ‘¡Hosanna!’ al ‘¡Crucifícalo!’. Es el contraste que marca no solo aquellos días en Jerusalén, sino también la verdad de nuestro propio corazón”, reflexionó.
El Obispo de Ciudad Quesada, tomando la Primera Lectura del profeta Isaías, destacó la figura del Siervo sufriente en quien no hay odio, por el contrario, muestra confianza y abandono en Dios.
El salmo 21, con su célebre expresión, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, “pone en nuestros labios el clamor del justo que sufre. Es el mismo grito que brotará de los labios de Jesús en la cruz. No es un grito de desesperación sin esperanza, sino la oración confiada del que, en la noche más oscura, sigue dirigiéndose confiadamente a su Padre”, comentó Monseñor Garita.
Asimismo, la Segunda Lectura del apóstol San Pablo a los Filipenses, ofrece uno de los textos más profundos de todo el Nuevo Testamento: Cristo Jesús, “a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de sí mismo … y tomó la condición de esclavo”.
“Jesús se abaja hasta lo más bajo —la muerte y muerte de cruz— y por eso el Padre lo exalta sobre todo”, agregó el prelado.
De cara a la semana más importante para los católicos, el obispo comentó que se nos pide silencio, recogimiento y oración. “Se nos invita a acompañar a Cristo, a no dejarlo solo en su agonía. Se nos pide revisar nuestras prioridades, reducir el ruido, buscar espacios de encuentro profundo con el Señor”.
Continuando con su reflexión, en la celebración que inició a las 9:15 a.m. en el Colegio Diocesano para dar paso a la procesión y la continuidad de la liturgia en la Catedral, Monseñor dijo que “la Pasión no es un espectáculo para ser observado desde fuera. Es el dolor del Inocente que carga con el pecado del mundo. Y ese pecado no es una idea abstracta: tiene rostro concreto en nuestras faltas personales y en las injusticias de nuestro tiempo”.
“Hoy la Pasión de Cristo se renueva en los crucificados de la historia: en los pobres descartados, en las víctimas de la violencia, en los enfermos olvidados, en quienes sufren soledad, migración forzada o humillación. Cada vez que la dignidad humana es pisoteada, Cristo vuelve a ser coronado de espinas”, dijo en su mensaje dominical. “La Pasión continúa hoy en el dolor del mundo”, añadió.
Monseñor Garita pidió que al final de esta semana podamos decir, no solo con palabras sino con la vida, “que hemos comprendido un poco más el misterio del amor que se entrega hasta el extremo y que vence para siempre la muerte para darnos vida”.
