Monseñor Garita: La verdadera fe es un sí a Dios que compromete toda nuestra existencia

"Que nuestro ‘sí’ a Dios se manifieste en la vida cotidiana, especialmente en las pequeñas cosas: cumplir responsablemente, hablar con verdad, respetar, perdonar, ayudar y servir”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

“Siento que la Palabra de Dios de hoy nos pregunta directamente: ¿cómo estamos respondiendo a la voluntad de Dios? No se trata solamente de lo que decimos creer, ni de las buenas intenciones que manifestamos, sino de aquello que realmente hacemos con nuestra vida”.

De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera inició su homilía este domingo 27 de setiembre, a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

El profeta Ezequiel nos recuerda que Dios no encierra a la persona en su pasado, sino que mira su respuesta presente: “Si el malvado (pecador) se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, salvará su vida”.

“El Evangelio de San Mateo, por su parte, nos presenta a un padre que pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña. Uno responde que no quiere, pero después se arrepiente y va; el otro dice inmediatamente que sí, pero no va. Y Jesús deja claro que, ante Dios, lo decisivo no son las palabras, sino la respuesta concreta que damos a su llamada”, detalló el Obispo de Ciudad Quesada.

“La verdadera fe no consiste solamente en decir ‘sí’ a Dios, sino en vivir ese ‘sí’ con una vida convertida, obediente y coherente. Para el Señor siempre existe la posibilidad de volver, de recomenzar, de cambiar”, agregó.

“El Señor nos enseña que siempre podemos cambiar. La conversión no es solamente para quienes están lejos de la Iglesia, sino una llamada permanente para todos nosotros”, se dijo en el discurso homilético.

Monseñor nos hace un llamado a aceptar la invitación de Jesús “para superar una religiosidad de apariencias. No basta llamarnos cristianos; necesitamos vivir como discípulos de Cristo. No basta decir que amamos a Dios; ese amor debe hacerse visible en el trato que damos a los demás, en la capacidad de perdonar, en la responsabilidad con que asumimos nuestras tareas, en la solidaridad con quien sufre y en la fidelidad a la vocación que cada uno ha recibido”.

Para el pastor diocesano, la parábola del Evangelio contiene también un mensaje de esperanza. “Tal vez alguno pueda reconocer en sí mismo algo del primer hijo: momentos en los que ha dicho ‘no’ al Señor, ha estado distante, ha vivido una crisis de fe, ha tomado decisiones equivocadas o se ha resistido a una llamada de Dios. Pero la historia no termina ahí. Siempre es posible volver a la viña. Siempre es posible arrepentirse y comenzar de nuevo”.

Como corolario de la homilía, Monseñor Garita destaca tres llamados para practicar de forma concreta en nuestra vida.

Primero. Revisar la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos: nuestra fe necesita pasar de los labios al corazón y del corazón a las obras. Que nuestro ‘sí’ a Dios se manifieste en la vida cotidiana, especialmente en las pequeñas cosas: cumplir responsablemente, hablar con verdad, respetar, perdonar, ayudar y servir.

Segundo. No tener miedo a la conversión y al recomenzar: si hemos dicho ‘no’ al Señor en algún momento de nuestra vida, no pensemos que todo está perdido. Podemos volver a la viña. Podemos acercarnos nuevamente a Dios, reconciliarnos con Él y comenzar un camino nuevo.

Tercero. Aprender de Cristo la humildad y el servicio: allí donde haya una familia, una comunidad o una parroquia dividida por intereses, protagonismos o resentimientos, necesitamos recuperar los sentimientos de Cristo. La verdadera grandeza cristiana está en servir. La verdadera autoridad se expresa en la entrega. La verdadera fecundidad pastoral nace de la humildad.

“Hoy el Señor nos vuelve a decir: ‘Ve a trabajar a mi viña’. La viña puede ser nuestra familia, la comunidad, la Iglesia, el mundo y cada realidad concreta en la que Dios nos ha colocado. Quizá nuestra primera respuesta no haya sido siempre la mejor. Pero el Señor sigue confiando en nosotros. Lo importante es escuchar nuevamente su voz, levantarnos y ponernos en camino”, finalizó el obispo diocesano de Ciudad Quesada.

Escuche la homilía completa

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