Monseñor José Manuel Garita Herrera presidió la Santa Misa, de este V Domingo de Cuaresma, en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m.
“Durante estas semanas hemos recorrido un camino espiritual que la Iglesia nos propone cada año para prepararnos a celebrar el misterio central de nuestra fe: la muerte y la resurrección del Señor. Este itinerario cuaresmal ha sido también un camino de renovación bautismal, un camino de conversión y de esperanza”, dijo al inicio de su homilía.
El prelado hizo un recorrido por los evangelios dominicales de Cuaresma, en este seguimiento de Jesús, para conocer quién es: “Primero lo contemplamos como el agua viva que sacia la sed más profunda del corazón humano. Luego lo vimos como la luz del mundo que ilumina nuestras tinieblas. Y hoy, el Evangelio de San Juan, lo presenta con una revelación aún más profunda y decisiva: Jesús es la resurrección y la vida”.
Al reflexionar sobre la Primera Lectura del profeta Ezequiel Dios promete abrir los sepulcros de su pueblo y hacerlos salir de ellos. “Dios no abandona a su pueblo. Lo que parecía un final se convierte en un nuevo comienzo”, indicó.
“Muchas veces experimentamos situaciones semejantes a un sepulcro: momentos de desesperanza, de pecado, de fracaso, de tristeza o de desánimo. A veces sentimos que ciertas situaciones de nuestra vida ya no tienen solución, que algo dentro de nosotros se ha quedado sin vida. Pero la Palabra de Dios nos recuerda hoy que el Señor tiene poder para abrir nuestros sepulcros”, expresó en su mensaje dominical.
Resaltó el Salmo 129 porque expresa muy bien esta experiencia humana. “Desde lo hondo a ti grito, Señor”. “Es el grito de quien se encuentra en la profundidad del dolor o de la angustia”, dijo.
En la Segunda Lectura de su Carta a los Romanos, San Pablo profundiza todavía más en esta esperanza. “Nuestra esperanza no se basa solamente en deseos humanos, sino en la fuerza misma de Dios. El Espíritu que vive en nosotros es una garantía de vida nueva, una promesa de resurrección”, comentó Monseñor Garita.
Por su lado, el impresionante relato del Evangelio presenta la resurrección de Lázaro. “El relato está lleno de humanidad y de emoción. Vemos el dolor de Marta y de María por la muerte de su hermano. Vemos también la cercanía y la amistad de Jesús con esta familia. El Evangelio incluso nos dice que Jesús lloró. Esto es muy significativo: Jesús no es indiferente ante el sufrimiento humano”, destacó el Obispo de Ciudad Quesada.
Jesús expresa en el relato: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.
“Con estas palabras, Jesús revela el centro de su misión. Él no ha venido solo a enseñar o a hacer milagros; ha venido a vencer la muerte y a ofrecernos una vida que no termina”, destacó el pastor diocesano.
Para Monseñor, el milagro, más allá de un gesto del poder de Dios es un signo que anuncia algo mucho más grande: la propia resurrección de Jesús y la vida nueva que Él quiere dar a todos.
“Curiosamente, este milagro provoca dos reacciones distintas. Algunos creen en Jesús. Pero otros deciden darle muerte. Es paradójico: Jesús da la vida a un amigo, y ese mismo gesto acelera la decisión de matarlo. Sin embargo, esto forma parte del misterio de su misión. Jesús dará su propia vida para que nosotros tengamos vida”, indicó.
Tras este relato evangélico, el obispo invita a creer que el amor es más fuerte que la muerte e invita a que retiremos de nuestras vidas esas piedras del “resentimiento, el miedo, el pecado, la falta de perdón o la desesperanza”.
“Que, en medio de las dificultades de la vida, nunca olvidemos que Jesús es la resurrección y la vida. Y que, viviendo unidos a Él, podamos experimentar ya desde ahora la vida nueva que nos conduce a la eternidad”, finalizó.
