Monseñor Garita: llamados a extender el Reino de Cristo

“Celebrar a Cristo Rey es afirmar que la historia tiene un destino último, que es Cristo mismo. No reinará el caos, ni el mal, ni la injusticia; la última palabra la tiene Dios, su amor y su salvación”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

Un nuevo año cristiano se aproxima, pero antes la Iglesia celebra a Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, en el Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario.

En la Eucaristía presidida por Monseñor José Manuel Garita Herrera, a las 8:00 a.m., se profundizó en el sentido de esta Solemnidad: Dios ha querido que todas las cosas encuentren su fundamento en su Hijo amado, Jesucristo, Rey del Universo. Él nos libera de la esclavitud del pecado para que podamos servir a su majestad y alabarlo por siempre.

“El Reino de Jesucristo prefigura el Reino Eterno, nos encaminamos atraídos por el amor de Dios, no por el poder y la fuerza de los hombres. Al mirar hacia el futuro, estamos llamados a poner nuestra atención en el horizonte de Dios que está más allá de esta vida y de esta historia. Hablamos del cielo, la vida eterna, la plenitud del amor y la perfección de Dios. No es un reino de este mundo”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.

Desde la mirada del Evangelio de San Lucas se nos muestra cómo es el Rey al cual celebramos en este día. “Es un rey crucificado, muriendo, dando la vida. Nuestro Rey es ese que se desangra en la cruz, ese moribundo, ese aparentemente fracasado, pero es el Rey del amor, de la misericordia y de la salvación”, dijo el prelado.

“Mientras unos se burlan y lo insultan, el buen ladrón confiesa a Jesús como Rey, le dice, ‘acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino’. El Señor le promete: ‘Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso’”, agregó.

¿Qué implica para nosotros Jesucristo Rey?, se preguntó Monseñor en su homilía. Estas son sus respuestas sobre el impacto que debe tener en la fe de cada uno si actuamos en consecuencia.

1.- Aceptar a Cristo como Rey en nuestra vida: es una opción de vida, una relación concreta, personal. Dejar que Cristo reine en el corazón significa permitir que su Evangelio dirija nuestras decisiones, prioridades, afectos, modos de pensar.

2.- Convertirnos en testigos de su Reino: estamos llamados a extender su Reino en la vida diaria: en la familia, el trabajo, la sociedad. Lo hacemos con la verdad, la justicia, la misericordia y la coherencia.

3.- Replantear nuestro concepto de poder: El cristiano no busca dominar, sino servir. En un mundo que identifica liderazgo con dominio y fuerza sobre los demás, Cristo enseña que se reina amando, perdonando y poniéndose en el último lugar.

4.- Optar por la verdad: Jesús dice: “Para esto he venido… para dar testimonio de la verdad” (Juan 18,37). Reconocer su realeza implica vivir en la verdad, en la honradez, en la transparencia, en la fidelidad, en medio de tanta mentira, falsedad, engaño y corrupción.

5.- Esperanza final: Celebrar a Cristo Rey es afirmar que la historia tiene un destino último, que es Cristo mismo. No reinará el caos, ni el mal, ni la injusticia; la última palabra la tiene Dios, su amor y su salvación.

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