En este III Domingo de Pascua, la Palabra de Dios nos lleva al encuentro con Jesucristo Resucitado que transforma la tristeza en esperanza y el desaliento en misión.
Desde la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles se presenta a Pedro proclamando con valentía: “A Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”.
“También nosotros, hoy, somos invitados a reconocernos como testigos. No simplemente como creyentes pasivos, sino como personas que hemos recibido una fe que debe ser comunicada. La fe no se guarda, se comparte; no se esconde, se anuncia; no se debilita en el silencio, sino que crece cuando se convierte en testimonio”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera, en su mensaje dominical.
Desde el salmo 15 se refuerza esta confianza en el Señor. “No caminamos solos. Aunque muchas veces no lo percibamos, Dios camina con nosotros, acompaña nuestros procesos, ilumina nuestras decisiones y sostiene nuestras caídas”, agregó el Obispo de Ciudad Quesada.
La segunda lectura, tomada de la Primera Carta de Pedro, recuerda, por su lado, que hemos sido rescatados con la sangre de Cristo.
“Esto significa que nuestra vida tiene un valor inmenso. No estamos destinados a una existencia vacía o superficial, sino a una vida nueva, marcada por la fe y la esperanza”, continuó Monseñor con su homilía, en la celebración eucarística de las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
“En el Evangelio de San Lucas encontramos una de las escenas más profundamente humanas y cercanas: el camino de Emaús. Dos discípulos caminan tristes, desilusionados, confundidos. Habían puesto su esperanza en Jesús, pero su muerte en la cruz ha destruido sus expectativas. ‘‘’Nosotros esperábamos…’ dicen, expresando no solo una decepción, sino una herida interior”, añadió.
El pastor diocesano invitó a reflexionar sobre ¿cuántas veces nosotros también hemos dicho: “‘yo esperaba…’?…. esperaba que las cosas fueran diferentes, que ese problema se resolviera, que esa relación funcionara, que Dios actuara de otra manera”.
“Como los discípulos de Emaús, muchas veces nos alejamos de la comunidad, de la fe, de la esperanza, pero Jesús sale al encuentro. No espera a que los discípulos regresen; Él va hacia ellos, camina con ellos, escucha su dolor, acoge su tristeza. Este es un mensaje profundamente consolador: Dios no se cansa de buscarnos, incluso cuando nosotros nos alejamos”, dijo Monseñor Garita.
Este encuentro en Emaús, el Obispo de Ciudad Quesada lo divide en tres pasos: “El primer paso de la transformación de los discípulos es el diálogo: Jesús les pregunta, los hace hablar, los invita a expresar lo que llevan dentro. Luego viene el segundo paso, la iluminación: el Señor les explica las Escrituras, les ayuda a reinterpretar lo sucedido desde el plan de Dios. Finalmente, el tercer paso, el momento culminante: reconocen a Jesús al partir el pan. Hermanos, este proceso es también el nuestro. Reconocemos a Cristo cuando escuchamos su Palabra y participamos en la Eucaristía. Allí se nos abren los ojos, nuestro corazón vuelve a arder y recuperamos el sentido”.
Monseñor pidió revisar nuestro propio camino: ¿estamos caminando con esperanza o con desaliento? ¿Reconocemos al Señor en nuestra vida diaria? ¿Nos dejamos iluminar por su Palabra? ¿Participamos con fe en la Eucaristía? ¿Somos testigos o espectadores?
“Señor Jesús, gracias porque nunca nos abandonas. Gracias porque sales a nuestro encuentro, porque caminas con nosotros incluso cuando no te reconocemos. Abre nuestros ojos, enciende nuestro corazón, fortalece nuestra fe. Danos la gracia de ser testigos valientes, alegres y comprometidos. Y que, guiados por tu Espíritu, podamos anunciar con nuestra vida que tú estás vivo”, finalizó Monseñor Garita con esta oración su homilía.
