En la celebración eucarística, de las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, Monseñor José Manuel Garita Herrera invitó a contemplar la manera en que Dios actúa, muy distinta a la lógica humana, marcada muchas veces por los cálculos, las comparaciones y los méritos.
Ya en la Primera Lectura, el profeta Isaías nos recuerda el proceder de Dios: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son mis caminos”.
Esa misma verdad, se presenta en el Evangelio de San Mateo a través de la parábola de los trabajadores llamados a la viña.
“Unos comienzan a trabajar desde muy temprano; otros son llamados a distintas horas del día; y, al final, todos reciben el mismo salario. Esto provoca la protesta de quienes habían trabajado más tiempo”, comentó el Obispo de Ciudad Quesada.
Es el dueño de la viña quien responde con contundencia en el texto: “Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno?”.
“Podemos decir que el mensaje central de esta celebración es: Los caminos de Dios son caminos de gracia; trabajar en su viña con un corazón agradecido y generoso. La parábola no pretende enseñarnos una injusticia laboral, sino revelarnos cómo es el corazón de Dios. Dios no actúa según nuestros cálculos, comparaciones o méritos”, se dijo en la homilía.
El amor de Dios “es gratuito, su misericordia es abundante y su invitación está siempre abierta. Dios sigue saliendo a nuestro encuentro y sigue llamando a trabajar en su viña”, agregó el prelado.
Dentro del mensaje queda claro que algunos han recibido la invitación del Señor desde niños; otros la descubrieron en la juventud; algunos regresaron a la Iglesia después de muchos años; otros quizá están escuchando hoy, por primera vez con mayor claridad esa invitación.
“Lo importante no es solamente a qué hora hemos llegado, sino que hemos acogido la llamada y queremos responder con fidelidad”, mencionó Monseñor Garita.
La Liturgia de este día nos hace un llamado sobre la conversión que consiste en dejar nuestros caminos cuando se han apartado de Dios y aprender a caminar por los caminos del Señor. “Esto requiere humildad, porque no siempre comprendemos lo que Dios hace. Sus pensamientos son más grandes que los nuestros y su misericordia supera nuestras medidas”, dijo el obispo diocesano.
El Salmo también nos ayuda a reconocer esta grandeza de Dios cuando proclama: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, su ternura se extiende a todas sus criaturas”.
“Dios es bueno. Dios no ama solamente a quienes consideramos dignos de su amor. Su ternura alcanza a todos. Por eso, la parábola nos cuestiona cuando nuestra relación con Dios se convierte en una especie de ‘contabilidad’: ‘Yo he hecho más’, ‘yo llevo muchos años’, ‘yo he servido más’, ‘yo merezco más que aquel’. Cuando pensamos así, corremos el riesgo de olvidar que todo lo que somos y tenemos es, en primer lugar, un regalo de Dios”, enfatizó Monseñor Garita.
Cabe resaltar que San Pablo, en la Segunda Lectura de su Carta a los Filipenses, presenta otra dimensión importante de esta vida en la viña del Señor. “Él afirma que para él vivir es Cristo y que, mientras permanezca en este mundo, su vida debe seguir siendo fecunda para los demás. Por eso exhorta a los cristianos a vivir ‘como ciudadanos dignos del Evangelio de Cristo’. La fe no consiste solamente en haber recibido una llamada, sino en vivir de tal manera que nuestra existencia sea una respuesta generosa a esa llamada”, agregó.
El Obispo de Ciudad Quesada invita a vivir de manera concreta el mensaje de este día mediante tres aplicaciones concretas:
La primera: agradecer la llamada de Dios y no compararnos con los demás. Cada uno tiene una historia diferente de encuentro con el Señor. Algunos llevan muchos años sirviendo en la Iglesia; otros apenas están comenzando. Algunos tienen grandes responsabilidades pastorales; otros colaboran de manera sencilla y silenciosa. Pero todos somos necesarios en la viña del Señor. No debemos vivir comparándonos ni preguntando qué reciben los demás.
La segunda: aprender a alegrarnos por el bien que Dios hace en los demás. Esta es quizá una de las mayores enseñanzas de la parábola. Los trabajadores de la primera hora se molestaron porque el dueño fue bueno con los últimos. El problema no estaba en que ellos hubieran recibido menos —recibieron exactamente lo acordado—, sino en que no pudieron alegrarse por el bien de los demás. También nosotros podemos caer en esa tentación: sentirnos incómodos cuando alguien que se había alejado regresa a la Iglesia; cuando una persona comienza a servir; cuando otro recibe una responsabilidad, etc. El evangelio nos invita a vencer la envidia espiritual.
La tercera: aprovechar hoy la oportunidad de trabajar en la viña del Señor. El Evangelio muestra que el dueño salió varias veces durante el día a llamar trabajadores. Esto nos recuerda que nunca es demasiado tarde para responder a Dios. Quizá alguien siente que ha perdido mucho tiempo; quizá alguno piensa que su vida cristiana ya no tiene remedio; quizá otro ha dejado de servir porque se ha cansado o porque tuvo alguna decepción. Hoy el Señor vuelve a salir a nuestro encuentro y nos dice: “Vayan también ustedes a mi viña”.
“Que, como San Pablo, podamos hacer de nuestra vida una respuesta al Evangelio, de modo que, viviendo y sirviendo, Cristo sea glorificado en nosotros. Que María Santísima, humilde servidora del Señor, nos enseñe a trabajar en la viña de su Hijo con alegría, generosidad y fidelidad”, finalizó Monseñor Garita.
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