Monseñor Garita: No podemos vivir como enemigos de la cruz

"Las promesas del mundo fallan y defraudan, pero Dios nunca nos falla", enfatizó el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En la celebración del II Domingo de Cuaresma, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, destacó la importancia de este tiempo litúrgico como un camino de renovación en la fe, recordando que la Cuaresma nos conduce hacia la Pascua, donde se realiza la alianza nueva y eterna mediante la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El Obispo subrayó que, a lo largo de la historia, Dios ha hecho alianza con el hombre, como lo muestra el relato del Génesis con Abraham, quien confió plenamente en el Señor y recibió la promesa de una tierra y una descendencia numerosa. “Dios es siempre fiel y cumple sus promesas. Hoy nos promete renovarnos, nos ofrece la patria del cielo y la herencia de los santos. La Cuaresma es el tiempo propicio para retomar nuestra relación con Él”, indicó Monseñor Garita.

Al reflexionar sobre el Evangelio de San Lucas, que relata la transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, Monseñor explicó que este acontecimiento es una manifestación de la gloria divina del Hijo de Dios antes de su pasión y muerte. “Jesús se muestra en su grandeza y esplendor, pero también nos recuerda que antes de la gloria perpetua, hay un camino de entrega y sacrificio”, señaló.

En su mensaje dominical, Monseñor Garita resaltó dos elementos esenciales para renovar la alianza con Dios en la vida de cada creyente: la oración y la escucha de la Palabra. “Jesús se transfiguró mientras oraba, lo que nos enseña que nuestro propio cambio, conversión y renovación solo son posibles a través de la oración constante y confiada. También escuchamos la voz del Padre: ‘Este es mi Hijo amado, escúchenlo’. En medio de tantos discursos vacíos y engañosos en la actualidad, solo la Palabra de Dios es verdadera y nos conduce a la salvación”, afirmó.

En la Eucaristía que presidió a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada exhortó a “estar atentos, escuchar, interiorizar, obedecer, cumplir lo que Dios nos pide a través de la voz de su palabra”.

Finalmente, haciendo referencia a la carta de San Pablo a los Filipenses, el pastor diocesano pidió a los fieles no vivir como enemigos de la cruz, recordando que no somos ciudadanos de este mundo, sino que nuestra esperanza está en la transfiguración final cuando Cristo transforme nuestro cuerpo débil en un cuerpo glorioso como el suyo. “Las promesas del mundo fallan y defraudan, pero Dios nunca nos falla”, enfatizó.

El Obispo de Ciudad Quesada concluyó su mensaje señalando que la Eucaristía es el alimento que nos fortalece en este camino cuaresmal, ayudándonos a transfigurarnos y renovar nuestra alianza con Dios mediante la oración, la escucha de la Palabra y la fidelidad hasta el final.

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