A las 7:15 a.m. (hora de Roma), Monseñor José Manuel Garita Herrera, presidió la Eucaristía bajo el altar de la Basílica de San Pedro, en la cripta del apóstol que da nombre a este templo, este domingo 4 de enero de 2026.
Como parte de la Peregrinación Jubilar Diocesana, esta celebración se convierte en recordatorio de la misión que se tiene como cristianos.
“La peregrinación jubilar es imagen de la vida cristiana: somos un pueblo en camino, sostenido por la Palabra que nos precede y nos orienta”, afirmó el Obispo de Ciudad Quesada.
Señaló que Dios no se ha mantenido distante, por el contrario, ha querido caminar con su pueblo, compartir su historia, hablar su lenguaje y cargar sobre sí sus fragilidades.
“El cristianismo es un encuentro con una Persona viva que nos sale al paso en el camino”, determinó.
Dando gracias por el Jubileo de la Esperanza, próximo a concluir el 6 de enero, destacó que debemos “volver a mirar la propia vida desde la esperanza de Dios”.
“El prólogo del Evangelio de San Juan nos introduce en la hondura del misterio: ‘En el principio existía el Verbo’. Aquí, en este lugar donde reposan los restos del apóstol que confesó a Jesús como el Cristo, resuena con fuerza la afirmación central de nuestra fe. El Verbo es luz verdadera que ilumina a todo hombre. Muchos no lo reconocieron, pero a los que lo acogieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios”, destacó.
A partir de ahí llega la Buena Noticia: “No somos huérfanos, somos hijos; no caminamos a ciegas, tenemos una luz; no avanzamos solos, somos cuerpo, somos comunión”, dijo Monseñor Garita.
Al celebrar la Eucaristía en la tumba de San Pedro, el primero de los apóstoles, el prelado recordó el significado profundamente eclesial de este acontecimiento.
“Aquí confesamos nuestra fe apostólica, la misma que Pedro selló con su sangre en esta colina vaticana. Aquí renovamos nuestra comunión con el Sucesor de Pedro, el Papa León XIV”, indicó.
Monseñor Garita señaló que en el corazón de esta peregrinación está plenamente la Diócesis de Ciudad Quesada: sus presbíteros, consagrados y laicos; las comunidades que peregrinan entre luces y sombras; los pobres, los enfermos, los jóvenes y las familias.
“Nada de lo que somos y vivimos como Iglesia Particular de Ciudad Quesada queda fuera de esta Eucaristía tan sentida y significativa”, enfatizó.
“Reconocemos que la esperanza no defrauda porque está fundada en el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Volveremos a nuestras casas y comunidades no como turistas espirituales, sino como testigos de la fe”, finalizó.
