Monseñor Garita: “Nuestra vida debe señalar a Cristo”

“Muchas veces miramos de todo menos a Jesús; centrémonos en el Señor”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

Dejarse renovar por Jesús para dar testimonio de fe y vida es la invitación en este II Domingo del Tiempo Ordinario.

Desde la Primera Lectura, el profeta Isaías presenta la figura del siervo del Señor, formado desde el seno materno para una tarea concreta: ser instrumento de la gloria de Dios y luz para las naciones. “Es un preanuncio de Jesús, el Siervo y Mesías que habría de venir. A semejanza de Jesús, el Siervo elegido, este pasaje nos recuerda que Dios nos ha creado con un propósito, nos ha pensado desde siempre y nos ha dado dones para ponerlos al servicio de los demás”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera en su homilía dominical.

A la luz de la Segunda Lectura de San Pablo a los Corintios, el pastor diocesano de Ciudad Quesada recuerda que la santidad es el camino que debemos seguir. “No es un privilegio de unos pocos, ni una meta inalcanzable. Es una vocación universal, un camino que se recorre día a día, en lo sencillo, en lo cotidiano, en la fidelidad a las pequeñas cosas. Ser santos no significa ser perfectos, sino dejarnos amar por Dios”, añadió.

Al reflexionar sobre el Santo Evangelio, precisamente imitando la figura de Juan el Bautista, somos llamados a confesar y proclamar a Jesús.

“La fe no es solo conocimiento intelectual, sino un encuentro vivo y personal con Jesús”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.

Monseñor Garita centra en tres actitudes el camino a seguir a partir de la Liturgia de este día:

1.- Mirar a Jesús: detenernos para contemplarlo y reconocerlo como el centro y sentido último de nuestra vida. Muchas veces miramos de todo menos a Jesús; centrémonos en el Señor.

2.- Dejarnos liberar por Jesús: se trata de permitir que quite nuestro pecado, nuestras culpas, nuestros miedos. De mucho necesitamos liberarnos por el Señor.

3.- Dar testimonio de fe y vida: como el Bautista, no somos protagonistas, pero sí testigos. Nuestra vida debe señalar a Cristo: mostrarlo sin complejos ni temores a los demás; llevar a muchos hacia Él.

En medio de la Peregrinación Jubilar Conclusiva del Año Santo de la Esperanza, Monseñor recordó que peregrinar es buscar a quien se debe buscar: Jesús, el Cordero de Dios. “Él camina con nosotros, nos sostiene y nos renueva”, destacó.

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