Monseñor Garita: pasar de la esclavitud a la solidaridad

“El pobre no se salva por haber sido pobre, sino porque siempre confió en Dios y esperó la salvación. El rico no se condenó por rico, sino porque no temió a Dios ni necesitó de Él”, expresó el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

La Liturgia de este domingo continúa con la temática de la semana anterior sobre la justa valoración y recto uso de los bienes materiales y de las riquezas.

“Hoy en particular estamos llamados a pasar de la avaricia al amor, del egoísmo a la generosidad, de la esclavitud o apego a la solidaridad”.

Estas fueron las palabras de Monseñor José Manuel Garita Herrera, cuando hace la advertencia de perder la sensibilidad, de creer que se puede prescindir de Dios y de tener “sordera de frente a su palabra”.

En la Primera Lectura de Amós hay fuerte reacción a los lujos, excesos, despilfarros que llevan a la soberbia y autosuficiencia material.

En el Evangelio de San Lucas el tema es aún más fuerte y presente en la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón, que come y se regala mucho.

“El pobre no se salva por haber sido pobre, sino porque siempre confió en Dios y esperó la salvación. El rico no se condenó por rico, sino porque no temió a Dios ni necesitó de Él”, expresó el prelado en la Misa de 8:00 a.m. en la Catedral de Ciudad Quesada.

“Al rico no le importó el pobre, vivió sobrado, con lujos y excesos, se llenó de cosas, no tuvo espacio para Dios en su vida allí su mala y equivocada elección. Le agarró tarde la intención de advertir a su familia para no tener el mismo destino”, destacó.

“Se tiene siempre la oportunidad de escuchar la palabra de Dios y vivir de acuerdo con ella”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.

A la luz de la Segunda Lectura, San Pablo nos da un criterio muy importante en su Primera Carta a Timoteo: “llevar desde ahora una vida recta, piadosa, de fe y amor, combatir el buen combate para conquistar la vida eterna”.

“No debemos pensar que la enseñanza es solamente para ricos y potentados, sino que es para todos, para no cerrarnos en el apego, el egoísmo, la insensibilidad, la falta de solidaridad y generosidad”, dijo Monseñor Garita.

“Que la Eucaristía nos ayude a estar atentos y vigilantes de nosotros mismos para no cerrarnos en el egoísmo, para no ser insensibles ante tanta necesidad y pobreza, sino ser sabios para utilizar lo poco o mucho que tengamos para practicar obras de misericordia con verdadero sentido de solidaridad y generosidad para alcanzar el premio eterno como el pobre Lázaro”, finalizó.

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