“La Cuaresma es un tiempo de gracia en el que la Iglesia nos invita a emprender un camino interior de conversión y renovación, orientado siempre hacia la luz de la Pascua”. De este modo Monseñor José Manuel Garita Herrera dio apertura a su homilía, en este II Domingo de Cuaresma, en el cual afirma que la Palabra de Dios ofrece una profunda pedagogía espiritual que puede resumirse en tres palabras clave: llamada, confianza y transfiguración.
Comentó que, en la Primera Lectura, tomada del libro del Génesis, se contempla la experiencia vocacional, el llamado de Abram.
“Dios irrumpe en su vida con una palabra exigente y, al mismo tiempo, llena de promesa: ‘Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre’. Abram es invitado a dejar lo conocido, lo seguro, para ponerse en camino hacia una tierra que Dios le mostrará; él recibe solo una palabra y una promesa”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.
Se descubre así -afirmó- que la auténtica conversión comienza con una llamada de Dios que nos saca de nuestras comodidades y nos invita a confiar.
En Cuaresma, somos llamados a “salir”: “a salir del pecado que nos encierra, salir de las rutinas espirituales vacías, salir de una fe cómoda que no transforma la vida”, agregó Monseñor Garita, en la Misa de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
El Salmo prolonga esta experiencia desde la clave de la confianza, según comentó, porque “nuestra alma espera en el Señor; Él es nuestro auxilio y escudo”.
“En la Cuaresma aprendemos que no caminamos solos, que el esfuerzo espiritual no se apoya solo en nuestras fuerzas, sino en la fidelidad del Señor”, dijo el prelado en su discurso homilético.
Atribuyó la necesidad de intensificar la oración, el ayuno y la caridad, como experiencia que nos enseña a apoyarnos en Dios y no en nosotros mismos.
Asimismo, Monseñor José Manuel Garita, tomando la Segunda Lectura, de la Segunda Carta a Timoteo, explicó que la Cuaresma no es un ejercicio de perfeccionismo moral, sino una apertura humilde a la acción salvadora de Dios. “Renovarnos significa dejarnos alcanzar por esa gracia que ha vencido la muerte y nos llama a vivir de un modo nuevo”, mencionó.
Al reflexionar alrededor del Evangelio de San Mateo, que presenta la transfiguración del Señor, queda claro, que esta experiencia “no elimina el camino de la cruz, pero lo ilumina. Jesús ofrece a sus discípulos un anticipo de la gloria pascual para sostenerlos en el momento de la prueba de su pasión y muerte”.
“La Cuaresma tiene precisamente este sentido: ayudarnos a comprender que el sacrificio, la renuncia y la fidelidad tienen como meta la vida nueva de la Pascua”, acotó.
Dejarse tocar por la experiencia de la transfiguración hoy, implica para Monseñor Garita:
– Dejar que el Evangelio cambie nuestra manera de mirar a los demás, de usar el tiempo, de afrontar el sufrimiento y de vivir la fe.
– Transfigurarse es pasar del egoísmo al servicio, de la indiferencia a la misericordia, de la superficialidad a una relación más profunda con Dios.
Al mismo tiempo, recordó palabras de San León Magno: “La transfiguración del Señor tiene como fin fortalecer la fe de los discípulos y suscitar en la Iglesia la esperanza de participar un día de la misma gloria”.
Finalmente, cuando Jesús manda a los discípulos bajar del monte y guardar silencio de lo que habían visto hasta después de la resurrección, es para el obispo diocesano de Ciudad Quesada, una señal de que Dios “nos envía de nuevo a la vida cotidiana, transformados por la luz recibida. Subimos al monte en la oración y en la escucha de la Palabra, para bajar luego al servicio, al compromiso y al amor concreto; a hacer vida y testimonio nuestra fe”.
