En este XXI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor José Manuel Garita Herrera nos expresa que la salvación y la misericordia que Dios ofrece son universales.
“Es para todos sin diferencia ni distinción, pero atención, no debemos atenernos ni confiarnos; hay que esforzarse por responder, hay que entrar por la puerta estrecha, perseverar y dejarnos corregir por Dios”.
Al reflexionar la Primera Lectura del profeta Isaías, el Obispo de Ciudad Quesada destacó que desde ese momento se da una clara llamada y ofrecimiento a la salvación.
“El Señor anuncia que reunirá a las naciones de toda lengua, vendrán a Jerusalén y verán su gloria, traerán de todos los países ofrendas al Señor. Dios quiere reunir y congregar”, dijo.
Lo mismo ocurre en el Evangelio de San Lucas. Es el mismo anuncio universal de Jesús, todos están invitados al banquete del Reino de Dios.
“La llamada es abierta a todos, pero la fe es exigente, supone seriedad, acción y entrega de nuestra parte”, dijo en su mensaje dominical, en la Eucaristía de las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
La pregunta importante no es si pocos o muchos se salvarán -reflexionó el pastor diocesano-, sino lo que importa es la actitud y respuesta al llamado de Dios.
Dos enseñanzas destaca Monseñor Garita desde el Evangelio:
- La salvación no es garantía ni monopolio de ningún pueblo o grupo. No podemos confiarnos ni nada está garantizado.
- Si no hay nada seguro ni garantizado, hay que esforzarse. Jesús habla de la puerta estrecha, y para ingresar se requiere conversión, lucha, respuesta, compromiso y fe activa. La “puerta estrecha” puede ser el trabajo hecho con amor y responsabilidad, es perdonar, aceptar problemas, privarse de algo para compartir, no juzgar ni criticar, es tomar la cruz diaria. La puerta estrecha lleva a la vida eterna; la puerta ancha a la perdición.
Igualmente, de la Segunda Lectura a los Hebreos, el Obispo de Ciudad Quesada comenta una clave importante: “aceptemos la corrección de Dios para convertirnos, mejorar y crecer. Se necesita actitud de disposición y vigilancia”.
Como enseñanza, debemos mantener el esfuerzo permanente por responder al Señor, por perseverar en la fe, por avanzar en el camino de la santidad, por dar frutos de fidelidad.
“¿Cómo estamos respondiendo y viviendo? La fe no es de ocasiones o emociones, es una respuesta y compromiso de siempre, hasta el final. Para ser partícipes de la misericordia y salvación de Dios; para crecer en el esfuerzo, lucha, respuesta y compromiso de fe, pidamos la fuerza que necesitamos en esta Eucaristía, recordando lo que nos dice Jesús: ‘El que persevere hasta el final se salvará’, (Mateo 24,13)”.
