Monseñor Garita propone tres desafíos para vivir la resurrección

En su mensaje dominical, el Obispo de Ciudad Quesada también invitó a “construir puentes de diálogo y reconciliación, adoptar una ética de la esperanza y ser luz en la oscuridad”.

En este Domingo de Pascua, dentro del contexto del Año Jubilar, Monseñor José Manuel Garita Herrera recordó la invitación a renovar la esperanza en Cristo resucitado que nos ofrece vida nueva: “una vida que trasciende la muerte y que nos invita a transformar nuestra existencia y la sociedad en la que vivimos. La luz de la resurrección ilumina al mundo y a la humanidad sedientos de verdadera esperanza”.

En la Eucaristía que presidió a las 10:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, y a la luz de la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, señaló que estamos llamados a proclamar que en Cristo resucitado está la vida, el perdón de los pecados y la esperanza de nuestra propia resurrección, como lo hizo Pedro.

Por su lado, tomando la Segunda Lectura de San Pablo a los colosenses, invitó a buscar las cosas de arriba, a dejar lo terreno, superar el egoísmo y nuestro apego a las cosas pasajeras.

Mientras tanto, recapituló del evangelio de San Juan, que el sepulcro vacío que primero encuentra María Magdalena y luego comprueban Pedro y Juan, “es el anuncio del gran acontecimiento del poder de Dios que ha resucitado a su Hijo de entre los muertos. El sepulcro vacío es la afirmación de que el que había muerto ahora está vivo”.

El Obispo de Ciudad Quesada señaló que resucitar en Cristo implica una transformación interior, una renovación de la fe y ser testimonio vivo, siendo portadores de esperanza “en una sociedad que muchas veces se siente perdida y desesperanzada”.

Asimismo, en un mundo marcado por divisiones, injusticias y desesperanza, la resurrección de Jesús debe llevarnos a “construir puentes de diálogo y reconciliación, adoptar una ética de la esperanza y ser luz en la oscuridad”.

Finalmente, a la luz de la resurrección de Cristo, Monseñor Garita propone tres desafíos:

1.- Hagamos un examen personal: Revisemos nuestra vida presente y descubramos en la resurrección de Jesús la fuente inagotable de una vida nueva.

2.- Asumamos un compromiso comunitario: Fomentemos iniciativas que reflejen la transformación del Evangelio en acciones concretas en favor de los más necesitados.

3.- Testimoniemos la esperanza: Animémonos como comunidad a vivir con una fe activa que trascienda las fronteras del templo, llevando la luz de Cristo a cada rincón de la Iglesia, de la sociedad y del mundo.

“Que esta Pascua nos impulse a abrazar la vida nueva y resucitada en Cristo, siendo instrumentos de esperanza y renovación para el mundo”, finalizó.

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