Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor inicia la Semana Santa, tiempo sagrado en el que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo como misterios centrales de nuestra fe.
Además, esta Semana Santa se enmarca en el Año Santo 2025, Año Jubilar de la Esperanza.
En su mensaje dominical, en la celebración que dio inicio a las 9:15 a.m., en el Colegio Diocesano Padre Eladio Sancho y que prosiguió en la Catedral de Ciudad Quesada, Monseñor José Manuel Garita Herrera preguntó: ¿Cómo nos estamos preparando para vivir estos días santos? ¿Qué esperamos y qué expectativas tenemos de estos días únicos y santos en el año?
Del mismo modo, reflexionó sobre los motivos que nos llevan a alzar las palmas un domingo como hoy.
“Los textos de la palabra de Dios nos ofrecen un impresionante mensaje sobre el testimonio de sufrimiento, entrega y muerte de Jesús, el Siervo de Dios, el Mesías Hijo de Dios y de David, que da su vida por nuestra redención”, detalló.
Enfocado en el Evangelio de Lucas que narra la Pasión del Señor, el prelado indicó que este es un relato “que nos confronta con la realidad del sufrimiento y la traición”.
“Al partir el pan y compartir el vino, Jesús nos invita a recordar su sacrificio y a vivir en comunión con Él y entre nosotros. En esta Semana Santa del Año Jubilar, se nos llama a renovar nuestro compromiso de dar la vida como Jesús, a través de gestos de amor que muchas veces suponen para nosotros sufrimiento y dolor, pero que tienen todo su sentido desde la pasión redentora del Señor”, comentó.
Respondiendo a las preguntas realizadas, reflexionó que “debemos acercarnos a esta semana con un corazón dócil y abierto, dispuestos a dejar que el Señor transforme nuestras vidas a través de su misterio pascual que vamos a celebrar”.
“Al recordar en estos días especialmente el sufrimiento de Cristo, también somos llamados a estar atentos al dolor de nuestros hermanos”, agregó.
Mencionó que la Semana Santa es una oportunidad para vivir en solidaridad y esperanza con los Cristos sufrientes de hoy.
“La entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un burro, nos recuerda que la verdadera grandeza no se está en el poder o la riqueza, sino en la humildad y el servicio, en la capacidad de dar la vida”, indicó.
“Así como Jesús fue recibido con palmas y vítores, nosotros también estamos llamados a acoger a nuestros hermanos con los brazos abiertos, especialmente a aquellos que sufren, que están en necesidad y que no tienen esperanza”, continuó en su predicación.
Finalizó diciendo que la esperanza ha de animar e impulsar nuestra fe, a pesar de las dificultades, porque la Pasión de Cristo culmina con el triunfo de la Resurrección.
“Hoy alzamos nuestras palmas no solo para aclamar al Siervo-Rey que viene, sino también para comprometernos a ser instrumentos de paz y esperanza en medio del mundo que tanto lo necesita. Que esta Semana Santa sea un tiempo transformador para todos nosotros; que muramos con Cristo para resucitar con Él a una vida nueva”, añadió.
