“Con fe y esperanza, hoy la Iglesia nos invita a orar por todos los fieles difuntos. En nuestro caso, lo hacemos especialmente por nuestro II obispo, Mons. Ramón Oswaldo Brenes Álvarez, y por los sacerdotes diocesanos fallecidos en los últimos años”.
De esta manera, Monseñor José Manuel Garita Herrera, inició la homilía en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m.
Al reflexionar en las lecturas, Monseñor destacó lo que dice el libro de las Lamentaciones, en la Primera Lectura: “Mi alma está privada de la paz, he olvidado la dicha…”.
“Son palabras que cualquiera de nosotros podría pronunciar ante la pérdida de un ser amado. La muerte nos confronta con nuestra fragilidad, con el límite de nuestra existencia. Es un hecho real, inevitable y universal. Pero la fe nos enseña que, aun en medio del dolor y la oscuridad, el amor de Dios permanece fiel, su compasión no se acaba, y su misericordia se renueva cada mañana”, agregó.
El Salmo 129: “Desde lo hondo a ti grito, Señor”, es la oración de quien, desde la profundidad del dolor y del pecado, eleva su súplica confiada al Señor: “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?”. Al respecto, el Obispo de Ciudad Quesada enfatizó que es un grito de esperanza: “confiamos no en nuestros méritos, sino en la misericordia del Dios que perdona, que rescata y redime”.
“Orar por los difuntos es un acto de amor y de fe: los confiamos a la bondad infinita de Dios, que puede purificar, sanar y llevar a la plenitud de la salvación lo que aquí quedó incompleto”, comentó el prelado.
Por su lado, en la Segunda Lectura, de la carta de San Pablo a los Romanos, se nos recuerda el núcleo de nuestra esperanza. “Si hemos sido incorporados a Cristo por un bautismo semejante a su muerte, también lo seremos por una resurrección como la suya”.
“Desde el día de nuestro bautismo, participamos ya de esa victoria. Morimos al pecado, y nuestra vida queda escondida con Cristo en Dios. Por eso, para el cristiano, la muerte no es el final, sino el paso, el ‘éxodo’ hacia la plenitud de la vida”, continuó Monseñor en su homilía.
En el Evangelio según San Juan, Jesús consuela a sus discípulos y les dice “no se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas…”. El Señor dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
“Celebrar hoy a los fieles difuntos no es solo mirar hacia atrás, sino también hacia adelante. La liturgia nos invita a contemplar nuestra propia existencia a la luz de la eternidad”, comentó Monseñor Garita. “La oración por los difuntos es expresión concreta de la comunión de los santos. No los olvidamos, porque el amor no muere”, expresó.
En su mensaje dominical, el Obispo de Ciudad Quesada deja las siguientes enseñanzas para vivir esta Conmemoración:
1. Redescubrir el valor de la esperanza cristiana frente a una cultura que teme hablar de la muerte, la disfraza o la niega. El cristiano no huye de esta realidad, sino que la enfrenta desde la fe en la resurrección.
2. Renovar nuestra confianza en la misericordia de Dios: nadie está perdido para siempre si se abre al amor de Dios.
3. Mantener viva la práctica de orar por los difuntos, visitar los cementerios con fe, y ofrecer Misas en sufragio de quienes amamos.
4. Vivir con los ojos puestos en la eternidad, conscientes de que la vida presente es camino y preparación para el encuentro definitivo con Dios.
“Nadie sabe el día ni la hora, pero quien vive en Cristo no teme la muerte, porque sabe en quién ha puesto su confianza”, finalizó el Obispo de Ciudad Quesada.
