¿Cómo y para qué usamos los bienes materiales? Esta es la gran pregunta, al reflexionar en las lecturas, de este domingo 21 de setiembre.
“El dinero, riqueza… las cosas materiales las recibimos de Dios, por tanto, son buenos. Entonces deberíamos usarlos para hacer el bien, para ser solidarios, caritativos y justos”, expresó Monseñor José Manuel Garita Herrera, al presidir la celebración de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
No obstante, inclinados al egoísmo, la avaricia, la ambición, y el apego e incluso a la injusticia y a la corrupción, se da otro uso a esos bienes.
“Ante tanta injusticia, desigualdad y pobreza, es necesario lo que decía San Pablo en la Segunda Lectura de la Primera Carta a Timoteo: hacer oraciones, plegarias y súplicas por todos; pero, sobre todo, por los gobernantes y los que tienen cargos de responsabilidad para llevar una vida tranquila, en paz, con piedad y decoro. Debemos pedir que trabajen por el bien común y la justicia”, dijo el prelado.
En el Evangelio de San Lucas se ahonda en el tema, cuando se presenta una “parábola curiosa”, dijo Monseñor. Se nos presenta a un administrador infiel, injusto, astuto. “Jesús jamás aprueba su mala actuación ni pone como ejemplo hacer fraudes, trampas, injusticias y corrupción, pero sí destaca la astucia y la habilidad del administrador para salir del aprieto por el despido. La enseñanza entonces es tener la misma astucia, habilidad y originalidad para hacer obras de bien a través de los bienes materiales”, agregó.
Lo otro que debe quedar claro es que no se puede servir a dos señores. “Hay que usar los bienes para ganar amigos y ser solidarios, para practicar el bien, para ser libres y desprendidos. Se nos pide fidelidad, responsabilidad, honradez y honestidad para administrar los bienes que tenemos y ser solidarios con ellos”, amplió el Obispo de Ciudad Quesada en su homilía.
“Del buen uso y de la buena administración de los bienes depende incluso nuestro destino final. Vemos y comprobamos tanto materialismo, ambición, injusticia y corrupción a nuestro alrededor, en detrimento de los más pobres y necesitados. No pocos se aprovechan de sus posiciones y ventajas para ello, cuando debería prevalecer el espíritu de servicio, solidaridad y caridad”, comentó.
“Esas actitudes negativas no solo se dan en grandes cantidades, sino también en cosas pequeñas (es la actitud del corazón). Pidamos un corazón libre y desprendido, y la capacidad de ser hábiles y astutos no para hacer el mal, sino el bien con los bienes materiales y el dinero para ser solidarios, generosos, justos y caritativos”, finalizó.
