Monseñor Garita: ser creíbles por medio del testimonio

“Vivir la unidad y la comunión es aceptar el reto de la fraternidad concreta: en una época marcada por la indiferencia y el aislamiento, el Espíritu Santo nos impulsa a tender la mano al hermano necesitado”, expresó el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

“Celebramos el gran misterio que sostiene nuestra fe y da sentido a toda nuestra vida cristiana: la Santísima Trinidad”.

De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada, inició su homilía de este domingo, aclarando que “no adoramos tres dioses, sino un solo Dios en tres Personas; misterio que nos llama a vivir la comunión de amor en la Iglesia y en el mundo”.

En la Eucaristía que presidió, a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, extrajo de la Primera Lectura que el autor de Proverbios describe la Sabiduría como “engendrada antes de las obras de la tierra”.

“Este lenguaje nos remite al Hijo eterno, que ‘estaba con Dios’ y por quien todo fue creado. Cuando contemplamos al Hijo junto al Padre, reconocemos que la eternidad divina no es un tiempo sin fin, sino un ‘nosotros’ perfecto de amor”, describió.

Al meditar la Segunda Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos, el obispo señaló que el Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones, “da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”. “Esta filiación trinitaria no es algo teórico, sino una experiencia viva: viviendo en comunión, somos testigos de la bondad y la ternura del Padre”, comentó.

En el Evangelio de San Juan, Jesús promete al Espíritu como “otro Paráclito”, que vendrá para enseñarles “todas las cosas” y para hacerles “recordar todo lo que yo les he dicho”.

“Descubrimos -dice Monseñor- la función pedagógica del Espíritu Santo: no viene para traer novedades radicales, sino para hacernos comprender en profundidad el misterio ya revelado en Cristo. El Espíritu nos conduce a la verdad plena, revelando que el Hijo procede del Padre y habla sólo lo que ha recibido de Él; y nos descubre que todas las obras del Hijo y del Espíritu tienen su fuente en el Padre, vida sin origen ni término”.

“El misterio trinitario es, pues, el ‘corazón’ del Evangelio y de la vida cristiana (Catecismo de la Iglesia Católica n. 234). ¿Cómo vivir esta verdad esencial de nuestra fe en un mundo dividido y cargado de violencia?”, preguntó Monseñor Garita.

“En primer lugar, vivir la unidad y la comunión reconociendo que la unidad no se construye desde la uniformidad, sino desde la diversidad que se enriquece en el amor”, respondió.

“En segundo lugar, vivir la unidad y la comunión es aceptar el reto de la fraternidad concreta: en una época marcada por la indiferencia y el aislamiento, el Espíritu Santo nos impulsa a tender la mano al hermano necesitado”, agregó.

Finalmente, expuso: “vivir la unidad y la comunión haciendo experiencia de la adoración como motor de la transformación del mundo. En la liturgia trinitaria, renovamos continuamente nuestra adhesión a la Palabra que crea, al Evangelio que redime y al amor que santifica”.

“Vivamos confiados en que el Padre ama, el Hijo redime y el Espíritu santifica. Así, reflejaremos al mundo la belleza de la comunión trinitaria: signo anticipado del cielo en medio de la historia y del mundo en los cuales vivimos”, exhortó el Obispo de Ciudad Quesada.

Añadió: “unidos en la comunión trinitaria del amor, daremos un testimonio creíble y convincente de nuestra fe cristiana que tiene como alma y esencia el amor de Dios y el amor entre los hermanos”.

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