En el Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la IX Jornada Mundial de los Pobres. En ese contexto, y cerrando el año litúrgico, la invitación es meditar más allá de los apegos de este mundo.
De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera dirigió su mensaje en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m.
“El tema es la venida de Cristo en gloria. Se nos presenta en la liturgia el fin del mundo, el fin de la historia y de cada uno de nosotros, que no es más que todo un llamado a la plenitud”, destacó.
“No importa el momento del final, sino cómo estamos viviendo y cómo nos estamos preparando desde ahora para el final. Se nos llama a la vigilancia, a hacer el bien, luchar, y a perseverar en la fe”, agregó.
La Primera Lectura de Malaquías hace anuncio del “Día del Señor”, como un momento de actuación definitiva de Dios en el que habrá un juicio. “Es el discernimiento entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, la destrucción del mal y el juicio de salvación. Se recompensará a los fieles, ‘los iluminará el sol de justicia y hallarán salud a su sombra’”, reflexionó el Obispo de Ciudad Quesada.
A la luz del Evangelio de San Lucas, el prelado apuntó tres enseñanzas:
1.- Habrá un final, todo acabará. El mundo y la historia son provisionales y transitorios.
2.- Cuidado con los falsos profetas y sus mensajes. Hay que discernir entre los mensajes de desgracias y calamidades.
3.- Perseverar y luchar ante las dificultades y persecuciones. Es la oportunidad para dar testimonio, “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.
“Cuidado con las imágenes sobre el final de este mundo, no se trata de algo terrible o espantoso, son maneras de decir que habrá transformación, purificación y perfección final”.
Con la Segunda Lectura de los Tesalonicenses, se hace un llamado para trabajar, ser activos y diligentes mientras llega el “juicio final”.
“Debemos hacer el bien, servir, practicar misericordia, hoy precisamente celebramos la IX Jornada de los Pobres, bajo el lema ‘Tú, Señor, eres mi esperanza’. Seamos solidarios y generosos, los pobres no son una estadística ni mucho menos un botín o instrumento político-electoral; son personas, hijos de Dios, con dignidad propia, son rostros concretos, con dramas dolorosos. Se nos llama a trabajar para devolver la esperanza a tantos pobres olvidados, defraudados, sin oportunidades”, dijo Monseñor Garita.
Puntualmente -dijo el obispo- en su mensaje dominical: “¿Estamos dormidos, seguros, apegados al mundo? ¿O pensamos en la meta que es el cielo?”.
“No debemos tener temor ni angustia; sí vigilancia y responsabilidad, sí prepararnos”, señaló.
“Tengamos presente que esta vida tiene un propósito, una misión, un sentido. Lo que Dios nos ha pedido, sea en la familia, una profesión, en la vida de fe, debemos hacer el bien y servir a todos, especialmente a los más necesitados”, puntualizó.
Por último, recordó el obispo que la fe lleva consigo pruebas, dificultades y persecuciones. Por eso llamó a “perseverar, luchar, no desanimarnos ni darnos por vencidos; hoy cuando hay mucha desesperanza y derrotismo, la meta es el cielo, la vida eterna, ¡vale la pena!”, finalizó.
