En el marco de la celebración del Domund, se nos recuerda que tenemos una vocación misionera desde el bautismo. Este año la Jornada Mundial de Oración por las Misiones se desarrolla bajo el lema “Misioneros de esperanza entre los pueblos”.
“Pedimos hoy ardor e impulso misionero, pedimos por obras y proyectos misioneros, por quienes están en las misiones. Estamos llamados a llevar y testimoniar la Buena Noticia que es esperanza y salvación para todos”, expresó Monseñor José Manuel Garita Herrera, en la Eucaristía de 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
A la luz de las lecturas proclamadas la oración es el tema central. “Sin oración no hay comunión con Dios, no hay crecimiento en la fe, no hay fruto en la vida cristiana. La oración es ‘oxígeno del alma’, sin ella no podemos vivir en cristiano”, dijo el pastor diocesano de Ciudad Quesada.
Agregó, sobre la oración, como ejemplo, la frase de Santa Teresa de Jesús: “tratar de amistad con Aquel que sabemos que nos ama”. La oración puede ser de alabanza, de acción de gracias, de petición, de penitencia o de súplica.
“El acento para hoy es la oración de petición o súplica. Se nos invita a orar con constancia, perseverancia e insistencia. El llamado es a no desanimarnos; Dios es fiel, nos escucha, le interesamos, no es indiferente”, comentó Monseñor Garita.
En la Lectura del Éxodo, se presenta la lucha contra los amalecitas y se muestra la imagen de los brazos de Moisés, arriba. “Es la imagen del orante que confía en Dios y que persevera en la oración hasta el cansancio; también del que intercede por su pueblo. Hay tantas intenciones por la cuales pedir e interceder”, recordó el obispo en su homilía.
En el Evangelio de San Lucas, hay una magistral lección sobre el valor de la insistencia y de la perseverancia. “Atención a la intención de la parábola de Jesús, para orar siempre y sin desanimarse. Hay un juez negligente, injusto, insensible que cedió no por bondad ni virtud, ni porque temiera a Dios o le importaran las personas, cedió por la insistencia y perseverancia de la viuda para quitársela de encima”, comentó el prelado.
¿Cuál es la conclusión y enseñanza? “Si el juez injusto y negligente escuchó y actuó, cuánto más el Padre amoroso y misericordioso que conoce, ama y nos escucha a nosotros sus hijos. Pero, para orar hay que tener fe, esperar los momentos y maneras de Dios; hay que dedicar tiempo, organizarse, disciplinarse, incluso exigirse, así veremos frutos”, respondió el Obispo de Ciudad Quesada.
La oración sostiene, fortalece, impulsa, cambia la vida. En la Segunda Lectura de la Segunda Carta a Timoteo, Pablo le dice al discípulo: “permanece firme en lo que has aprendido”; para ello necesitamos fuerza desde la oración y perseverar, “insiste a tiempo y a destiempo”, describió el obispo.
Monseñor deja tres enseñanzas en su homilía:
1.- La oración perseverante mantiene viva la fe: Perseverar en la oración no cambia a Dios, sino que nos cambia a nosotros, fortalece nuestra confianza y nos enseña a mirar la realidad con los ojos de la fe.
2.- Dios siempre escucha, aunque no responda como o cuando lo esperamos: La perseverancia en la oración nos ayuda a comprender que Dios responde a su tiempo y a su manera.
3.- Orar es luchar, como Moisés en la montaña: La oración es una batalla espiritual que requiere constancia. Bajar los brazos -abandonar la oración- es dejar que el desánimo venza nuestra fe.
“Señor, enséñanos a orar con fe, confianza, insistencia, perseverancia, sin desanimarnos y sin desfallecer”, finalizó.
