Monseñor Garita: testigos del Espíritu en medio del mundo

"Sin Él, nuestra fe se vuelve rutinaria, nuestra esperanza se debilita y nuestro amor se enfría", dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

Al llegar al VI Domingo de Pascua “se percibe ya un tono de despedida, una especie de transición: nos acercamos a la celebración de la Ascensión del Señor y, poco después, a Pentecostés. La liturgia de hoy nos invita a prepararnos para una nueva forma de presencia de Jesús en medio de su Iglesia. Ya no será una presencia visible, como la que tuvieron los discípulos, sino una presencia viva, interior y permanente a través del Espíritu Santo”.

De esta forma, Monseñor José Manuel Garita Herrera dio apertura a su homilía, en la Catedral de Ciudad Quesada, en la Santa Misa de las 8:00 a.m.

En el Evangelio de San Juan, Jesús dice a sus discípulos “no los dejaré desamparados, volveré”.
“Jesús no abandona a los suyos; su partida no significa ausencia, sino un cambio en su modo de estar presente”, agregó el Obispo de Ciudad Quesada.

Esa nueva presencia se realiza por medio del Espíritu Santo, a quien Jesús llama el Paráclito. “Este término, puede traducirse como Consolador, Defensor, Abogado. Es aquel que viene a acompañar, a sostener en medio de las dificultades. En un mundo marcado muchas veces por la incertidumbre, el cansancio, el desánimo o incluso la confusión, esta promesa cobra una actualidad enorme. El Espíritu Santo es la presencia misma de Dios actuando en lo profundo de nuestra vida”, afirmó.

El Espíritu también nos conduce a la verdad plena, pero no de manera automática. “Es necesario pedir su luz, abrirnos a su acción, dejarnos guiar. La verdad no es solo algo que se conoce, sino algo que se vive. Por eso, el Señor une el amor a Él con el cumplimiento de sus mandamientos: no basta decir que creemos, es necesario vivir de acuerdo con la fe que profesamos”, dijo el prelado.

Según reflexionó, para caminar guiados por el Espíritu se requiere docilidad, humildad, apertura, capacidad de escuchar.

“El cristiano está llamado a vivir en medio del mundo, pero no con los criterios del mundo. Nuestra vida debe estar guiada por el Espíritu Santo, no por las modas, las presiones o los intereses que muchas veces dominan la sociedad”.

Ya desde la Primera Lectura, de los Hechos de los Apóstoles, se muestra cómo esta promesa de Jesús se cumple en la vida de la Iglesia naciente. “El Espíritu Santo es el alma, el impulso y la fuerza que sostiene la misión”, afirmó el Obispo de Ciudad Quesada.

“Sin Él, nuestra fe se vuelve rutinaria, nuestra esperanza se debilita y nuestro amor se enfría”, expresó en su mensaje dominical.

Por su lado, la Segunda Lectura, de la Primera Carta de Pedro, plantea un desafío muy concreto: “dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida”.

“Hoy más que nunca, nuestro mundo necesita testigos de esperanza. Personas que, en medio de la crisis, no se dejan vencer por el pesimismo; que, en medio de la oscuridad, siguen creyendo en la luz; que, en medio del sufrimiento, descubren la presencia de Dios”, puntualizó Monseñor Garita.

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