Monseñor Garita: una Buena Noticia que impulsa

"Hemos sido enviados a anunciar a Cristo en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en todos los ambientes donde transcurre la vida humana", dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

Con la Solemnidad de la Ascensión la Iglesia contempla cómo el Señor asciende glorioso al cielo, mientras nos preparamos para celebrar Pentecostés y el don del Espíritu Santo.

“La Ascensión no significa una despedida triste; al contrario, es la confirmación de que el Resucitado permanece vivo y actuante en medio de su pueblo. Él mismo nos lo asegura en el Evangelio de hoy: ‘Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo’. Esta promesa sostiene nuestra esperanza y fortalece nuestra fe en medio de las dificultades de la vida”, dijo Monseñor José Manuel Garita Herrera, en la Santa Misa, a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

En su homilía, el Obispo de Ciudad Quesada enfocó tres aspectos fundamentales del misterio de la Ascensión: conclusión, exaltación y misión.

“Jesús concluye su misión terrena e histórica. Después de haber anunciado el Reino, de haber entregado su vida por amor y de haber vencido la muerte, retorna al Padre. Pero este retorno no significa abandono. Cristo no se desentiende de la humanidad; al contrario, inaugura una nueva forma de presencia suya”, explicó.
Según la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos no deben quedarse paralizados ni llenos de miedo mirando al cielo. “La fe cristiana consiste en descubrir la presencia viva del Señor en el hoy de nuestra historia”, añadió.

En segundo lugar, “el Señor que se humilló hasta la cruz ahora es elevado y glorificado por el Padre. El salmo responsorial proclama con alegría: ‘Dios asciende entre aclamaciones’. Y San Pablo, en la Carta a los Efesios de la Segunda Lectura, afirma que Dios resucitó a Cristo y lo sentó a su derecha, por encima de todo poder y autoridad. Jesús retorna a la gloria que le pertenece desde toda la eternidad. Pero esta glorificación no es solamente un triunfo personal de Cristo; es también una promesa para nosotros”, dijo Monseñor Garita.

“La Ascensión abre para la humanidad las puertas del cielo. Nuestra vida no termina en este mundo, estamos llamados a participar de la gloria eterna de Dios”.

Respecto al tercer enfoque, la misión: antes de ascender, Jesús encomienda a sus discípulos, en el Evangelio de San Mateo, una tarea y misión concreta: “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones”.

“El cristiano no puede quedarse inmóvil. La experiencia del encuentro con Cristo Resucitado nos convierte necesariamente en testigos y anunciadores del Evangelio”, continuó el prelado.

Enfatizó que “hemos sido enviados a anunciar a Cristo en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en todos los ambientes donde transcurre la vida humana”.

Al celebrarse la 60 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, cuyo lema es “Preservar las voces y los rostros humanos”, el obispo diocesano puso de relieve el mensaje del Papa León XIV, quien nos recuerda la importancia de no perder lo esencialmente humano de la comunicación.

“Muchas veces abundan mensajes agresivos, noticias falsas, manipulación, descalificaciones y palabras que hieren. Existe el riesgo de comunicarnos mucho, pero encontrarnos poco; de estar conectados digitalmente, pero aislados humanamente”, señaló Monseñor Garita.

“El Evangelio nos enseña otro camino: Jesús comunicaba siempre mirando el rostro de las personas, escuchando sus sufrimientos, acercándose con compasión y hablando con verdad y amor. La misión evangelizadora de la Iglesia pasa también por una comunicación auténticamente humana, capaz de construir puentes y sembrar esperanza. Como discípulos del Señor estamos llamados a usar todos los medios de comunicación para el bien, para anunciar la verdad, defender la dignidad humana y transmitir palabras que den vida’, indicó.

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